Extranjeros atrapados en una ratonera por la precariedad laboral

El número de inmigrantes que no pueden regularizar su situación se dispara por la persistencia de la crisis

Origen: Extranjeros atrapados en una ratonera por la precariedad laboral

El joven camerunés, Jean Pierre Bell, en una imagen tomada este martes en Barcelona. / CHRISTIAN MORALES

Queda aún mucho camino por recorrer para que la inserción de los jóvenes extranjeros sea, eso, una verdadera integración. Porque si, como dicen los expertos, uno de los elementos clave para conseguir una plena inclusión de los inmigrantes es que tengan movilidad social, que mejoren sus condiciones de vida, el trecho que queda hasta lograrlo es largo. “La crisis está pasando todavía factura a la población extranjera afincada en España, que registra altos porcentajes de paro, de trabajos precarios y de economía sumergida“, denuncia Toni Mora, secretario de Política Territorial, Acción Social y Migraciones de CCOO en Catalunya.

Como consecuencia de la precariedad laboral, el sindicato ha constatado, a través de su Centro de Información para Trabajadores Extranjeros (CITE), un aumento preocupante del número de personas en situación irregular. “Mientras que el año pasado, un 44,7% de los inmigrantes a los que atendimos se encontraban en una situación de ilegalidad, este 2017 la cifra ha crecido hasta el 51,6%“, señala Carles Bertran, director del CITE. El incremento ha sido pues en un solo año del 7%.

Si se toma como referencia el 2013 (todavía en plena crisis), la tasa de irregularidad laboral era del 35% -16 puntos porcentuales inferior a la actual-, según la información de las oficinas del CITE, por las que han pasado casi 6.500 personas en los primeros seis meses de este año. Quienes más sufren esta situación de ilegalidad son los marroquís, seguidos por colombianos, hondureños, ecuatorianos y venezolanos, un colectivo, este último, que ha experimentado “un incremento significativo en poco tiempo, por efecto de la situación política que vive su país”, ha resaltado Bertran.

Imposible conseguir el arraigo

Los simpapeles que pasan por el CITE en busca de asesoramiento o de alguna solución son extranjeros, prosigue su director, “que se están encontrando con muchas dificultades para renovar sus autorizaciones o para conseguir un reconocimiento básico como el arraigo social“. Este documento, que abre las puertas para tramitar la solicitud para obtener la nacionalidad española, “exige, entre otras condiciones, que una persona acredite que tiene un contrato de trabajo de 40 horas durante al menos un año… ¿Qué joven tiene hoy en día un empleo así? Es una exigencia casi imposible para muchos”, clama Bertran.

Mientras la ley de Extranjería del Estado se preocupe más por el control de fronteras que por preservar los derechos que quienes ya están aquí, han lamentado los dos portavoces de CCOO, las condiciones de vida estos extranjeros, atrapados en una especie de ratonera sin salida, serán complicadas. “Sus problemas laborales se enquistan y afectan a todos los ámbitos de su vida, desde el personal y familiar, hasta el de acceso a la vivienda y, por supuesto, a las posibilidades de movilidad social”, advierte Mora.

El servicio doméstico, el colectivo más castigado

Mujeres y latinoamericanas, que trabajan en el sector del servicio doméstico o como cuidadoras de personas. Ellas son, según el informe del CITE presentado este martes, el colectivo más castigado por el trabajo irregular en Catalunya.

“Es un colectivo con escasos derechos laborales, porque su régimen es muy especial, y, además, al trabajar en casas particulares es muy difícil activar a la Inspección de Trabajo”, denuncia Carles Bertran director del servicio.

Papeles para “construir una vida”

Jean Pierre Bell da un paso al frente y accede a contar cuál es su situación “por si alguien lo lee”, y puede ofrecerle un puesto de trabajo. “De lo que sea, soy una persona fuerte, he cargado y descargado camiones y he ido teniendo pequeños empleos, pero necesito algo estable, que dure tiempo”, explica. Necesita el contrato laboral para poder obtener el certificado de arraigo social, un documento con que podrá asentarse y “empezar a construir una vida”, aventura.

Jean Pierre es camerunés, tiene 24 años y lleva cuatro en España. “El primero, después de llegar con la patera, lo pasé en Huelva… En cuanto pude me vine a Barcelona, porque tenía la idea de que aquí iba a poder ganarme la vida, que tendría al menos alguna oportunidad”, cuenta. Pero el trabajo escaseó desde el primer momento.

Por eso empezó a estudiar, a formarse “con la asociación Akwaba de L’Hospitalet”, prosigue. “Ellos me enseñaron castellano y con ellos empecé con el catalán”, agrega. Pese a todos los esfuerzos, no fue suficiente. “Me echaron del sitio donde estaba viviendo, porque no podía pagar”, cuenta el joven, que ahora tiene una habitación en casa de una amiga guineana. Jean Pierre se confiesa “perdido”, “como atrapado en una ratonera sin salida: sin papeles no tengo trabajo y sin trabajo no tendré nunca papeles”, se lamenta.

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