Hollywood se instala en Venecia

Desembarco de estrellas en la Mostra, que se inaugura el miércoles con la nueva película de Alexander Payne, ‘Downsizing’

Origen: Hollywood se instala en Venecia

Nando Salvà

Nando Salvà

 Kristen Wiig y Matt Damon, en una imagen de Downsizing, de Alexander Payne.

Pese a ser tradicionalmente considerado el segundo festival de cine del mundo en importancia, la Mostra de Venecia no solo lleva varios años dejando a Cannes en evidencia sino que, además, se ha afianzado como el lugar preferido por Hollywood para presentar al mundo las películas que más tarde triunfarán en los Oscar; aquí, recordemos, se estrenaron mundialmente ‘Gravity’ (2013), ‘Birdman’ (2014), ‘Spotlight’ (2015) y ‘La La Land’ (2016). Como consecuencia de ello, este año habrá en Venecia tantas estrellas que harían falta dos alfombras rojas para hacerlas caber a todas. ¿Y qué más habrá?

Candidatas vocacionales

Entre las competidoras hay películas de las que probablemente nos hartaremos de oír hablar en los próximos meses, cuando acaparen nominaciones en sucesivas galas de premios. Guillermo Del Toro estrenará ‘La forma del agua’, un cuento de hadas sobre un experimento secreto durante la Guerra Fría que, dicen, es lo mejor que ha hecho desde ‘El laberinto del fauno’; pero eso será después de que Alexander Payne abra el miércoles el certamen con ‘Downsizing’, sátira que afronta asuntos como la superpoblación a través del retrato de una familia que encoge de tamaño.

Es una de las dos candidatas a galardón que protagoniza Matt Damon; la otra es lo nuevo tras la cámara de George Clooney‘Suburbicón’, que ha sido descrita como un retrato “de gente defectuosa que comete errores” (si suena a relato de los Coen es normal: ellos han escrito el guión). Casi tan asiduo a la Mostra como Clooney es Darren Aronofsky, que en este festival las ha visto de todos los colores: con ‘La fuente de la vida’ fue abucheado, y con ‘El luchador’ ganó el León de Oro. Este año presenta ‘Madre!’, relato de terror protagonizado por Jennifer Lawrence y Javier Bardem. Ganas.

Visitas al lado oscuro

También Bardem, por cierto, estará aquí por partida doble. En la esperada ‘Loving Pablo’, presentada fuera de concurso, da vida al mismísimo Pablo Escobar a las órdenes de Fernando León de Aranoa y al lado de Penélope Cruz.

Javier Bardem y Penélope Cruz, en una imagen de ‘Loving Pablo’.

Ni mucho menos es la única incursión que el certamen efectúa este año en el mundo del crimen. En la competición encontramos ‘The Third Murder’, lo nuevo de Hirokazu Koreeda, sobre un abogado que lucha por demostrar que su defendido no cometió el asesinato del que se ha declarado culpable; ‘Tres carteles a las afueras de Ebbing, Missouri’, en la que Frances McDormand da vida a una madre desesperada por encontrar al hombre que mató a su hija, y lo nuevo de Paul Schrader‘First Reformed’, intriga en la que un capellán encarnado por Ethan Hawke descubre asuntos sucios en el seno de su iglesia. Por último, de clausurar el festival se encargará ‘Outrage Coda’, tercera entrega de la trilogía de Takeshi Kitano sobre la yakuza que, dicen, podría ser la última película de la carrera del japonés.

Invitaciones a la lágrima

A modo de contrapunto, entre los títulos más llamativos de la selección se detecta una insólita abundancia de sentimentalismo. En ‘The Leisure Seeker’, Helen Mirren y Donald Sutherland encarnan a una pareja que se lanza a la carretera huyendo de los médicos y de sus hijos; ‘Victoria & Abdul’, lo nuevo de Stephen Frears, imagina la improbable amistad entre la reina Victoria –encarnada, cómo no, por Judy Dench- y un joven asistente indio, y ‘Lean on Pete’, de Andrew Haigh, que relata la relación entre un adolescente problemático y un caballo de carreras. Y fuera de la competición destaca ‘Our Souls at Night’, historia de un romance otoñal producida por Netflix (esta vez no se esperan abucheos) que reúne en pantalla a Robert Redford y Jane Fonda. Ambos recibirán del certamen un premio honorífico.

Pedazos de realidad

Los documentales no suelen aspirar a premio en los grandes festivales, pero este año la competición veneciana incluye dos: ‘Human Flow’, reflexión del artista y activista chino Ai Weiwei sobre la crisis de los refugiados, y ‘Ex Libris’, en la que Frederick Wiseman penetra hasta el fondo de la biblioteca pública de Nueva York. Pero es en las secciones paralelas donde las no ficciones prometedoras campan a sus anchas: ‘Wormwood’ nos desvela los experimentos llevados a cabo por la CIA para controlar la mente humana y en The Devil and Father Amorth el director William Friedkin compara los momentos estelares de su obra maestra, ‘El exorcista’ (1973), con un exorcismo real. Y si en ‘Piazza Vittorio’ Abel Ferrara explora el barrio romano donde vive, en ‘Ryuichi Sakamoto: Coda’ el músico japonés hace lo propio con algo mucho más íntimo: su vida tras el cáncer.

Paseos por la línea dura

También los cinéfilos incorruptibles y los amantes de lo experimental tendrán con qué entretenerse. Precisamente con la palabra ‘rareza’ estampada en la frente llega ‘The Private Life of a Modern Woman’, del francotirador James Toback, retrato impresionista de la mejor actriz del mundo. ‘Zama’, el esperado regreso de la argentina Lucrecia Martel, se sitúa en el siglo XVIII para retratar a un oficial de la corona española a la caza de un bandido (¿por qué no ha sido Martel incluida en la competición? Misterio). Otro del que llevábamos tiempo esperando noticias es Abdellatif Kechiche, que ganó la Palma de Oro de Cannes con ‘La vida de Adèle’ y ahora trae a la Mostra ‘Mektoub, My Love: Canto Uno’, un relato de iniciación de tres horazas.

Pero el gran aliciente para quienes se precien de ser genuinamente alternativos debería ser la competición dedicada a la realidad virtual que el festival introduce este año: 22 películas de las que no se ven, sino que más bien se viven, y entre las que hay obras de Laurie Anderson y Tsai Ming-liang. Algunos lo llaman el futuro.

Un as en la manga

¿Por qué los grandes estudios y cineastas de Hollywood llevan años otorgando a la Mostra el privilegio de estrenar mundialmente las películas que, meses después, se llevarán toda la gloria durante la temporada de premios? Es una pregunta pertinente porque, después de todo, cuando pasan por Venecia casi nunca resultan galardonadas. De hecho, ningún título ganador del León de Oro lo es también del Oscar a la Mejor Película. Y hay que remontarse al 2008 para encontrar una obra que subiera a lo más alto del podio en la Mostra y luego lograra entrar en la lucha por las estatuillas doradas. En los últimos diez años, dos ganadoras del Oscar a la Mejor Película pasaron primero por el concurso de la Mostra (‘En tierra hostil’ y ‘Birdman’), y ambas fueron ignoradas sin tapujos por el jurado.

¿Por qué, pues, no se ahorra Hollywood el dineral que les cuesta traer su artillería pesada a una ciudad tan lejana y tan cara? ¿Por qué no las presentan directamente en el Festival de Toronto, por ejemplo, donde serán aplaudidas a rabiar por un público masivo y no estarán sujetas a las caprichosas opiniones de unos jueces? Habría que preguntárselo a ellos. Pero si las películas hablaran, ¿cuál de ellas no querría ser presentada en el hogar artístico de Fellini y Bertolucci, rodeada de un paisaje lleno de rutilante decadencia?

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