‘Mucho ruido y pocas nueces’ de Shakespeare al estilo mexicano – Español

Origen: ‘Mucho ruido y pocas nueces’ de Shakespeare al estilo mexicano – Español

Por 

 De izquierda a derecha: Lucy Brandon, Oliver Cudbill, Ammara Niwaz, Anya Chalotra, Beatriz Romilly y Doreene Blackstock en “Mucho ruido y pocas nueces” en el Shakespeare’s Globe, en Londres. CreditTristram Kenton

LONDRES — Ubicada en la Revolución Mexicana, la producción de Mucho ruido y pocas nueces ha entrado con paso firme al repertorio del teatro Shakespeare’s Globe, donde la versión juguetona de Matthew Dunster de la obra sobre un amor que vence muchas dificultades se presenta hasta el 15 de octubre.

En esta versión, se habla de pesos en lugar de ducados, y se sustituye con cactus y sombreros el ambiente siciliano concebido por William Shakespeare. En una obra que enjuicia brutalmente el honor de la difamada Hero, tiene sentido que el diseño de Anna Fleischle haga referencia a la Virgen María. El panorama machista resuena en la música de mariachi que proporciona su propia contraparte a la famosa “guerra feliz” de juegos de palabras entre Benedicto (Matthew Needham) y Beatriz (Beatriz Romilly), los renuentes tórtolos de esta comedia.

A la audiencia del Globe le gusta reír y Dunster se asegura de que eso suceda, marcando insinuaciones sexuales que yo nunca había notado en la obra. “Siempre terminas demasiado pronto”, le dice Beatriz a Benedicto, su futuro y eterno compañero, con lo que deja en el aire un doble sentido.

El tedioso personaje del alguacil Dogberry está replanteado como un cineasta estadounidense llamado Dog Berry, un hombre propenso a equivocarse con las palabras. Ewan Wardrop encarna este papel y disfruta su naturaleza exagerada, a pesar de lo extremo que pueda ser remplazar la palabra “condemned” (condenado) por “condomed” (condón-ado) —resulta evidente que el personaje está obsesionado con el sexo—.

En ocasiones perdido por la mezcla lingüística yace el melancólico dolor que sustenta una comedia que, como es la norma en Shakespeare, revela duras emociones en el camino hacia su bullicioso final.

Romilly no es exactamente la ingeniosa Beatriz con la que uno sueña: imposible no recordar con calidez a Eve Best en el mismo papel hace seis años. En cambio, el fiel Needham es tan divertido como entrañable y su mejor momento es cuando Benedicto, ese soltero empedernido, de pronto cambia de parecer.

Uno puede sentir, como si fuera la primera vez, la incredulidad de ambos protagonistas ante el hecho de ser amados. “¿Por qué?”, pregunta Benedicto y el público responde con gran afecto, cortesía de una producción que nos convierte a todos en madrinas y padrinos de la boda.

Deja un comentario