Nobel de Medicina para los descubridores del ‘reloj biológico’

Los premiados son los estadounidenses Jeffrey C. Hall, Michael Rosbash y Michael W. Young

JONATHAN NACKSTRAND

Origen: Nobel de Medicina para los descubridores del ‘reloj biológico’

Los estadounidenses Jeffrey C. Hall, Michael Rosbash y Michael W. Young fueron galardonados este lunes con el premio Nobel de Medicina 2017, por sus “descubrimientos de los mecanismos moleculares que controlan el ritmo circadiano”, los fenómenos biológicos que ocurren rítmicamente alrededor de la misma hora del día, según anunció la Asamblea Nobel del Instituto Karolinska de Estocolmo.

Los galardonados han explicado “cómo plantas, animales y humanos han adaptado su ritmo biológico” para “sincronizarlo con las rotaciones de la Tierra”, lo que se entiende como el ‘reloj biológico’, y que se aplica tanto al ‘jet lag’ que producen los viajes transatlánticos como la función clorofílica de las plantas.

Este reloj adapta nuestra fisiología de forma “drástica” a las distintas fases del día, al denominado ciclo circadiano, regulando desde la conducta a los niveles hormonales, la temperatura corporal o el metabolismo, explicó el jurado en su fallo.

Los galardonados aislaron el gen que controla el ritmo biológico diario al codificar una proteína que se acumula en las células durante la noche y se degrada durante el día.

Además, identificaron componentes adicionales de las proteínas que influyen en el reloj interno de las células, apunta la argumentación del Instituto sueco.

Los autores

Hall nació en Nueva York en 1945 y ejerce en la Universidad estadounidense de Maine; Rosbash lo hizo en Kansas en 1944 y está en la de Waltham, mientras que su compatriota Youg, nacido en 1949 en Miami, está en la neoyorquina Universidad Rockefeller.

El año pasado, el Instituto Karolinska distinguió al japonés Yoshinori Ohsumi por descubrir los mecanismos de la autofagia, proceso básico de degradación y reciclaje de componentes celulares y de gran importancia en muchos fenómenos fisiológicos.

La dotación del premio es de 9 millones de coronas suecas (943.784 euros), a repartir entre los galardonados, después de que este año la Fundación aumentara el monto de las distinciones Nobel por primera vez en cinco años.

Al anuncio del Nobel de Medicina le seguirán los de Física y Química, martes y miércoles, mientras que el jueves se anunciará el de Literatura, el viernes del de la Paz y el lunes siguiente el de Economía.

Todos los premios se dan a conocer en Estocolmo, a excepción del de la Paz, que se falla y entrega en Oslo por deseo expreso del fundador de los premios, el magnate sueco Alfred Nobel (1833-1896), ya que Noruega formaba entonces parte del Reino de Suecia.

Los premios son entregados el 10 de diciembre, coincidiendo con el aniversario de la muerte de Nobel, en una doble ceremonia en el Konserthus de Estocolmo y en el Ayuntamiento de Oslo.

La historia de una amistad

Los tres científicos galardonados están unidos por algo más que tres vidas dedicadas al ‘reloj biológico’, son amigos, han recibido conjuntamente media docena de premios y su objeto de estudio ha sido la humilde mosca de la fruta. Jefrey C.Hall nació en Nueva York en 1945 y creció en un suburbio Washington, hijo de un periodista parlamentario que, según el laureado, le enseñó a leer cosas distintas a la sección deportiva de los diarios. Hall empezó sus estudios universitarios en el Amherst College y luego los prosiguió en la Universidad de Washington en la que se doctoró en genética en 1971. El nuevo nobel también ha destacado como historiador aficionado, con trabajos sobre la guerra de secesión de Estados Unidos, tema sobre el que incluso dictó cursos en la universidad. Michael Rosbash, por su parte, nacido en Kansas City en 1944, trabaja en la Universidad Brandeis de Waltham, donde está al frente del laboratorio que lleva su nombre y que se centra en el estudio de los procesos, los genes y los mecanismos tras los ritmos circadianos. Estudió Química en el Instituto de Tecnología de California y se doctoró en Biofísica en el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT). Comenzó a estudiar la influencia de los genes en el comportamiento y los ritmos circadianos al llegar a la Universidad Brandeis en 1974 como profesor auxiliar. Fue Hall, colega de ese centro, quien le contagió la pasión por el ‘reloj biológico’ y, como reconoce Rosbash en su biografía colgada la página web de su universidad, fue esa “amistad personal” la “fuerza motora detrás del inicio de este trabajo”. Michael W. Young, por su parte, ha dedicado más de tres décadas al estudio de los patrones del sueño y vigilia que están controlados genéticamente en la mosca de la fruta (Drosophila melanogaster). Nació en 1949 en Miami y se trasladó años después a Texas, donde acudió al instituto y empezó a interesarse por la biología. Young se licenció en Ciencias Biológicas en 1971, cuatro años más tarde obtuvo su doctorado en Genética por la Universidad de Texas y a continuación, y por dos años, realizó un posdoctorado en la escuela de Medicina de la Universidad de Stanford, según su perfil en la Universidad de Rockefeller.  La trayectoria de estos tres científicos ya había sido reconocida de forma conjunta y en la última década han recibido varios de los galardones más prestigiosos de su ámbito de estudios. Los tres compartieron el premio de Neurociencia de la Fundación Peter y Patricia Gruber (2009), el Louisa Gross Horwitz (2011), el Canada Gairdner (2012), el Massry (2012), el Shaw en Ciencias de la Vida y Medicina (2013) y el Wiley en Ciencias Biomédicas (2013).

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