Minimalista y espectacular ‘Tristán e Isolda’

 

Minimalista y espectacular ‘Tristán e Isolda’

Àlex Ollé dirige el montaje de la ópera de Wagner que llega el martes al Liceo

 La cantante Iréne Theorin y Stefan Vinke durante el ensayo general de la producción operística "Tristan und Isolde.
La cantante Iréne Theorin y Stefan Vinke durante el ensayo general de la producción operística “Tristan und Isolde. ANDREU DALMAU EFE

Las voces y la música quieren ser las protagonistas totales del Tristan und Isolde, una de las óperas de Wagner que más se ha representado en el teatro del Liceo y que esta vez lo hace de la mano de la producción de Àlex Ollé (La Fura desl Baus) que se estrenó en Lyon en 2010. Un montaje que resulta minimalista y espectacular a la vez. Una gran esfera de 5,2 toneladas de peso colgará sobre el escenario del teatro y será el alma de la puesta en escena ideada por los también fureros Alfons Flores y Franc Aleu. Esa esfera servirá de marco para narrar la historia de amor “que Wagner pensó para sí mismo aunque nunca vivió”, en palabras del director Josep Pons, y cantada por dos figuras de la lírica: Iréne Theorin y Stefan Vinke. Dos voces wagnerianas que han dado vida a Tristan und Isolde en muchas ocasiones y que cosecharon un rotundo éxito en el Liceo con Der Ring des Nibelunger.

La soprano sueca fue Isolda en la temporada 2012 en el teatro de La Rambla en versión concierto con el Festival de Bayreuth. Tres años después, la ópera de Wagner volvió al Liceo en versión concierto con la orquesta del Teatre Mariïnski de Sant Petesburgo. “He sido Isolda todas las temporadas desde 2006 con diferentes producciones. La de Ollé da una oportunidad espléndida al diálogo de las voces en una escena que concentra la atención en las caras y las voces. No ha lugar a las distracciones”, resumía una expresiva Theorin —que parece cantar cuando ríe— y que subrayaba que pese a la experiencia en ese personaje cada montaje le ha supuesto “empezar de cero”.

“Con Tristan und Isolde no hace falta una dramaturgia muy elaborada porque la fuerza es casi espiritual, la del viaje interior que hacen los dos amantes”, explicaba Ollé, que ha firmado otras producciones de Wagner más elaboradas escenográficamente, como El Holandés errante. La esfera es la luna, el espacio que se va transformando a lo largo de la función y que parece aplastar a Tristán en el último acto. También es la superficie donde se proyectan las imágenes -en 3D diseñadas por Flores- que la transforman en un jardín o en el castillo del Rey Marke: “Es un elemento simbólico para describir el universo en el que están encerrados Tristá e Isolda. No hay muchas variaciones respecto a la producción que se estrenó en Lyon aunque sí que hemos prescindido de algunos elementos como vídeos y proyecciones para dar más pureza a la representación. No hace falta distraer. A veces, menos es más”, resumía Ollé. En el primer acto, una plataforma simulará ser el barco que navega a Cornualles sobre un mar al fondo de la escena. La iluminación, creada por Urs Schönebaum, es otro de los elementos principales de la producción que se verá en el Liceo.

Theorin y Vinke encabezarán el reparto de Tristán e Isolda que se completa con otras figuras de la ópera wagneriana: Albert Dohmen (Marke, rey de Cornualles), Greer Grimsley (Kurwenal, amigo de Tristán) y Sarah Connolly (Brangäne, nodriza de Isolda). “Un regalo de la divinidad”, resumía Pons que dirigirá la Orquesta del Liceo que junto a los coros del teatro completará el equipo artístico del título que se estrenará el martes y tendrá otras seis funciones en diciembre: “Es una de las obras más importantes de la historia de la ópera que sigue siendo un reto”, apuntaba la directora artística del teatro, Christina Scheppelmann. Una composición larga, cuatro horas y media con dos entreactos: “Es fantástico poder desconectar un buen rato de la realidad”, insistía Scheppelmann.

Es un reto para la orquesta y lo es, sobre todo, para los cantantes con monólogos de más de 30 minutos y diálogos entre los dos personajes principales de una historia de amor, traición, venganza y muerte que se acerca a la idea del enamoramiento místico y espiritual. “En la obra hay 4 ó 5 momentos álgidos y a lo largo de ella lo más difícil es buscar el equilibrio porque te ves obligado a reservar al voz pero sin aburrir”, decía entre risas una vehemente Theorin.

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