“El homosexual transmite sus genes por otros medios”

Biólogo evolucionista, pionero de la sociobiología; profesor en Rutgers Univ.

Origen: “El homosexual transmite sus genes por otros medios”

Tengo 68 años y adoro los bebés: los genes nos mandan y ahora me predisponen a ser abuelo. Desde que me doctoré en Harvard, he investigado el altruismo recíproco (o amistad), el engaño, autoengaño y otras estrategias evolutivas. Publico

La liberación genética

Seremos felices en la medida en que nos liberemos de la esclavitud que nos imponen nuestros genes egoístas. Se libran de ella, por ejemplo, los padres adoptivos que ponen su amor y recursos en un hijo con cuyos genes no tienen ni más ni menos en común que su condición humana. Vence al egoísmo de sus genes quien viaja y abre su mente y coopera con otras culturas, gentes y países. Y supera así el egoísmo de sus genes quien no hace de su origen, su familia y su tribu su único destino. La liberación de nuestro egoísmo genético, predijo Charles Darwin, llegará en la medida en que nos sintamos unidos y respetemos a todos los humanos, animales y seres con los que compartimos la vida en el planeta.

¿Cuantos más genes compartimos con otro, más fácil nos resulta ayudarle?

Y por eso nos parece más natural cooperar con la familia, amigos, clan, tribu… Y menos con quienes sentimos y creemos diferentes y lejanos. La empatía es más fácil con quien se percibe como genéticamente similar.

“Altruismo recíproco”, dijo usted.

Actuamos tal como nos mandan nuestros genes. Tuve maestros de los que aprendí a situarme en las dos grandes líneas que determinan nuestra vida: la genética y la teoría social que la proyecta en nuestra conducta.

¿Vivimos para ser esclavos de nuestros genes egoístas, llevarlos y transmitirlos?

Richard Dawkins desarrolló su teoría del gen egoísta a partir de mi trabajo, pero yo más que egoístas diría que nuestros genes son unos ­interesados, que sólo buscan su propio interés, que es sobrevivirnos. Nosotros a ellos les somos totalmente indiferentes.

Si su finalidad es transmitirse, ¿cómo explica entonces la homosexualidad?

Porque la homosexualidad puede ser un modo de transmitir tus genes sin necesidad de ser ­padre. Hemos descubierto que hay dos genes que predisponen a la conducta homosexual.

¿Son dos genes no egoístas?

Son genes egoístas por otros medios.

Si la conducta homosexual lleva a no tener descendencia, ¿cómo se transmite?

Esos dos genes de la homosexualidad son antagonistas de otros que hacen a las hermanas, tías y sobrinas del homosexual más fértiles que la media. El homosexual comparte con ellas un 25% de su genética, así que sus genes se transmitirán a través de ellas aunque no tenga hijos.

¿Y el gay así puede concentrarse en transmitir sus memes, genes culturales?

Además, entre hermanos, el pequeño tiene un 30% más de posibilidades de ser gay que el que le precede y así sucesivamente.

¿Podría explicarse así el mayorazgo?

La genética explica costumbres y culturas. Los crímenes de honor: asesinar, por ejemplo, a la hija que transgrede alguna norma moral también tiene explicación genética.

Pero si matas a tu hija, liquidas tus genes.

No importa si se transmiten de otros modos. Abandonar a la hija soltera embarazada, por ejemplo, es propio de culturas, como la hindú o algunas musulmanas, donde es habitual la mezcla consanguínea de forma que ese mismo 50% de genes del padre ya es propagado a través de otros parientes próximos con su misma genética.

Menos mal que la cultura avanza.

Tampoco esa moral era extraña en la vieja Irlanda o Inglaterra. La diversidad genética habitual hoy, en cambio, hace que nos resulte moralmente repugnante ese maltrato a tu propia familia, porque tus genes son una mezcla única no transmitida por nadie más que por esa hija. Por eso, hoy preservamos más a nuestros hijos.

Usted ha defendido que mentir puede ser una estrategia evolutiva ganadora.

Si hemos evolucionado para saber mentir, es porque sigue resultando útil.

Pero quien miente acaba creyendo sus propias mentiras: ¿no resulta suicida?

El autoengaño forma parte de esa estrategia, porque mentir es cognitivamente exigente: ­requiere más energía que decir la verdad. Si te crees tus propias mentiras, cuesta menos hacerlas creer a los demás.

¿De verdad la mentira es tan habitual?

Compruébelo con sus compañeros. Pregúnteles si se creen entre la mitad más inteligente de la plantilla y con más capacidad de liderar.

Alguno habrá modesto.

Pocos: el 80% se suelen considerar entre el 50% más bello, listo y ejemplar de la empresa. Lo cual, como habrá calculado, es estadísticamente imposible. Si pregunta a los jefes, verá que se consideran entre el 20% mejor.

Nos mentimos y mentimos a diario.

No sólo nosotros: los animales mienten igual y los primates más listos son los que más mienten… Los bebés humanos ya saben disimular su interés por algo a los seis meses.

¿Cuándo mentir no sale a cuenta ?

Cuando exige un esfuerzo de por vida se cobra un precio demasiado alto. Los homosexuales que ocultan su condición, por ejemplo, tienen peor salud que los que la afirman y, como se ­dice, salen del armario.

¿Por qué?

Porque su sistema inmunológico se resiente de ese continuo esfuerzo de ocultación.

¿Confesar mejora nuestro sistema inmunológico?

Relatar el daño sufrido, verbalizarlo y compartir el dolor lo beneficia.

También demostró usted que el auto­engaño lleva a los pueblos al desastre.

La mentira individual puede ser una ventaja; en grupo puede ser letal, porque hemos evolucionado para respetar la unidad de grupo, así que puedes convencer de una mentira a toda una nación y llevarla al matadero. Haga que un pueblo se crea que es superior al de al lado y lo verá.

Si sólo servimos a nuestros genes, ¿servimos menos al dinero de lo que creemos?

Valoramos el dinero en la medida en que sirve a nuestros genes. La lógica economicista de la mano invisible que reparte prosperidad cuando cada uno sólo busca la suya es inconsistente. Si cada uno busca sólo su provecho, sólo formas una comunidad egoísta.

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