La soledad que no siempre es una mala compañía

Testimonios de gente mayor que afronta con determinación la batalla del tiempo y la pérdida de seres queridos

Origen: La soledad que no siempre es una mala compañía

Un adulto mayor en un parque del Guinardó de Barcelona (Jazmín Román)

Enric Ribera Clavero tiene una cara de joven envuelto en lo que parecía haber sido una buena cabellera, ahora blanca. A sus 89 años, sólo en su casa, recuerda el día que murió su madre. “Cuando tenía ocho años en plena guerra civil llegaba a casa y mi padre estaba cocinando con cuatro pedazos de leña para hacer un pucherazo de hojas de cole, y yo le veía que lloraba”. “¿Papá, qué pasa? ¿Por qué lloras?” “No, no nada. Es el humo, me contestaba”. Desde que falleció su mujer, hace un año y medio, esa es una escena que se repite. “Cuando yo estoy cocinando me viene esto a la memoria y se me saltan las lágrimas. Y pienso, ahora comprendo porqué lloraría mi padre”.

El ser humano le está ganando la batalla al paso del tiempo. Las cifras de esperanza de vida han crecido vertiginosamente en un período muy corto de la historia. En 2016, 1.933.300 millones de personas mayores de 65 años vivían solas en España. Según el Instituto Nacional de Estadística (INE), para el mismo año las mujeres españolas vivían una media de edad de 85.9 años y los hombres de 80.4. Al vivir muchos más años, gracias a los avances científicos, se corre el riesgo de estar más tiempo solo. “La soledad puede ser involuntaria o voluntaria y positiva, cuando la persona elige estar sola. El sentimiento de soledad es la ausencia real o percibida de una red social satisfactoria, de personas en nuestro entorno que nos acompañen en nuestra vida diaria”, asegura la psicóloga Elena Lite, del Grupo Las Mimosas, consolidado en el ámbito del cuidado y la asistencia a personas en situación de dependencia.

Este sentimiento influye seriamente en la salud física y mental. La soledad se puede sufrir en todas las etapas de la vida, pero en el caso de las personas mayores, algunos pierden la autonomía. “Los adultos mayores tienen una doble invisibilización por la sociedad que no los mira, porque mira a la juventud. Los casos más comunes se dan en gente viuda, que ha perdido su círculo o se ha ido reduciendo porque han fallecido las personas con las que se relacionaba”, explica Albert Quiles, director gerente de la Fundación Amics de la Gent Gran, una organización de voluntariado, que se dedica a luchar contra la soledad no deseada de las personas mayores.

Según datos de la Encuesta Continua de Hogares (2016) del Instituto Nacional de Estadística, el 41,7% de las personas que viven solas en España son mayores de 65 años. De estas, el 70% son mujeres. Pilar Sotos Valero, de 70 años, vive cerca del parque de la Guineueta, en el distrito de Nou Barris, donde baja casi todas las mañanas para tomar algo de sol. Originaria de un pueblo de Cuenca, a los 12 años su padre falleció y su madre decidió instalarse en Barcelona. A esa edad comenzó a trabajar. Ha limpiado domicilios, cuidado a abuelos y niños. “Siempre he llevado mi casa encima. Me ha faltado afectividad, no tengo una buena relación con mi familia. Vale más que tengas un vecino cerca con el que te lleves bien que un familiar que nunca va a venir a socorrerte”.

En el 2008 con la crisis, Pilar se quedó sin trabajo. “Tengo una pensión que me han conseguido, y gracias que la tengo pero, ¿qué se hace con ocho euros diarios? El Yayo ha luchado como un guerrero para que tenga todo arreglado. Yo no tenía nada. No estuve en la calle durmiendo porque Dios no ha querido. Ha habido días que no tenía qué comer”. A José Garvi, el yayo de 73 años, la situación de su amiga Pilar le preocupa más que la suya: “Mi caso me aterra. Porque tengo una hermana que tiene muchas responsabilidades y una hija adoptiva en Cuba. Ahora estoy en manos del hospital y no tengo movilidad como para desplazarme tanto kilómetros y dejar Barcelona. Pero en el caso de Pilar, me gustaría poder solucionar algo más por si yo algún día decido marchar de aquí”.

Solos pero bien acompañados

Enric Ribera Clavero se levanta todos los días a las 7 de la mañana en su casa de Sant Andreu. Hace natación dos veces por semana, canta en un grupo de música de baile que se llama Renacer y ensayan una vez por semana. El día lo distribuye en partituras y en aprender letras de canciones. Graba pistas musicales en Audacity y arriba pone su voz. También toma clases de informática. En su casa se distrae con su ordenador, en pasar vídeos VHS a discos y acomodar su casa. “Amo los deportes. Mi favorito es el ciclismo, pero lo que más me salva es la música. Lo fundamental no es hacer todo este tipo de actividades, si no con quién hacerlo, la compañía”.

Pilar es amante de las nuevas tecnologías y la motiva su perseverancia en querer aprender inglés, porque lo que más le gusta es poder comunicarse con la gente. En Facebook ha podido encontrar una compañía, que aunque sea virtual, ayuda a que los días sean mucho más llevaderos. “Cuando los pies se me hinchan mucho y se calienta el ordenador lo tengo que apagar. De vez en cuando me dicen que paso mucho tiempo ahí, pero eso no es verdad”. A Pilar le iban a regalar un televisor, pero no lo quiere. Prefiere internet: “Ahora me quitan el internet y prefiero que me quiten la vida, fíjate tú, ¡cierto eh!”. Según Albert Quiles, director de la ONG, esto no es la solución, pero sí que los ayuda para poder comunicarse y mantenerse unidos. Lo importante es tejer la red. “Estamos en una sociedad donde el ritmo es frenético. Las personas que en esta generación son mayores han tenido que adaptarse de una manera mucho más difícil”, asegura.

Inma Rivera, de 36 años, es una de las 1.500 voluntarias que colaboran con la ONG Amics de la Gent Gran y cada semana desde hace dos años le brinda compañía a Pilar Sotos. “A mí ya no me quedan abuelos y sentía la necesidad de compartir un espacio con personas mayores. El primer contacto que tuvimos con Pilar fue por teléfono y estuvimos hablando casi 45 minutos”, recuerda entre risas. Cree que la esencia de la vida se comprende en la etapa de la adultez mayor, porque son verdaderos libros de historia viva, llenos de experiencia. “Hay personas del barrio en el parque que nos cruzamos cada día a la misma hora. Entonces eso hace que el día que no las ves digas, ostras, aquí a lo mejor ha pasado algo…”.

Ahora me quitan el internet y prefiero que me quiten la vida”

PILAR SOTOS VALERO

Enric no cuenta los años y tampoco le gusta mirarse al espejo. Durante muchos años compartió momentos con su grupo de 13 amigos, de los cuales hoy sólo quedan dos. “Me gusta mucho vivir. Me gustaría más vivir con ella. Esta es la pura verdad, pero claro no puedo hacer nada yo ahí. Tengo a mis hijas y mis nietos que me quieren un montón. En esto estoy súper feliz y quizás por eso no me da tiempo a pensar. Me siento protegido y controlado”. Pilar ha encontrado en Amics de la Gent Gran el apoyo incondicional de su voluntaria: “Admiro a los chavales jóvenes que dedican su tiempo a estar con los mayores”. Inma tiene muy presente que en las tribus antiguas eran las personas más sabias y a quien se le pedía consejos, porque eran portadoras de conocimientos. “Hay mucha gente que cuando explico lo que hago me dicen, uy…¿te vas con una persona mayor a hablar? Como diciendo sí que estás aburrida. Y no, no es que esté aburrida o que no tenga nada más que hacer. Si no que considero que es importante tenerles en cuenta”.

“Lo fundamental primero es crear consciencia social de que hay diferentesritmos y que todos son buenos. Hemos de hacer una sociedad inclusiva. Y poner en valor todo aquello que no tenemos en cuenta y que podrían seguir aportando las personas mayores. Para que los jóvenes entiendan cuál es la problemática de hoy en día es importante poder naturalizar esa relación y que no los vean como algo extraño o lejano.”, asegura Quiles, quien desde su ONG potencia los proyectos intergeneracionales.

La esperanza de vida tendrá un momento exponencial para el año 2031 cuando los hombres alcancen una edad media de 83.2 y las mujeres de 87.7, según el INE. Ana María González Jiménez, Presidenta de la Asociación Española de Psicogerontología, considera que el actual estilo de vida, donde se priorizan las necesidades y metas individuales, sumado a la imagen negativa que aún se tiene sobre la vejez dificultan que las personas mayores sean integradas en la vida social. Quiles e Inma Rivera coinciden en que hay que ser prudentes y no caer en infantilizarlos. “Porque mucha gente confunde el hecho de que necesite cuidados asistenciales con que es una persona que ha vivido toda una vida y no tiene nada que ver con un niño. Son personas que han vivido una guerra, una post guerra, una dictadura, una transición democrática y que están vivas aún. No lo lees en un libro, si no que están ahí y te lo pueden contar”, sostiene Quiles.

Pilar, pensativa, detiene su mirada entre los árboles del parque de la Guineueta. Se endereza para buscar el último rayo de sol y reflexiona: “El amor es libre, pero los niños y los adultos mayores son los que más necesitan atenciones. Que te den un abrazo en determinado momento tiene mucho valor”. Quiles insiste en que la clave está en acompañar. Muchas veces hasta en silencio: “Hay personas que llegan a la vejez malhumoradas o con carácter difícil. Pero no hay nadie que se niegue a una amistad de corazón. Ante momentos de vulnerabilidad, enfermedades, dificultades, estar al lado produce una sensación indescriptible de estar ahí, de estar juntos”.

Desde Cruz Roja y el Servicio de Teleasistencia municipal nos han dicho que muchas de las llamadas son más para hablar que para avisar de una emergencia”

ALBERT QUILES

Director de la ONG Amics de la Gent Gran

El contacto que tiene Amics de la Gent Gran con las personas mayores es a través de cartas y por teléfono. Desde la ONG aseguran que el sentimiento de pertenencia es muy importante para sentirse relacionados socialmente. Tal es así, que una señora que estaba en cama y ya no iba a poder asistir a ningún evento del centro les pidió que le sigan enviando las cartas de invitación igual, porque le gustaba recibirlas, aún sabiendo que no podría ir. Quiles asegura que las personas mayores son verdaderos expertos en mecanismos para defenderse de la soledad no deseada. “Desde Cruz Roja y el Servicio de Teleasistencia municipal nos han dicho que muchas de las llamadas son más para hablar que para avisar de una emergencia”.

Enric se pasea en cascos mientras hace las tareas del hogar. La radio y la música son sus compañeros cuando está solo en casa. Por la noche, luego de cenar, se entretiene otro poco con la televisión, pero procura no engancharse, porque le gusta irse a la cama a las 23. Si la distracción lo envuelve media hora de más, se levanta del sillón, mira a su mujer retratada por una de sus hijas y le dice: “Tineta, hoy me he pasado, eh, venga!”. Y se va a dormir.