Noemí Curell i Faus no se disfrazó este Carnaval ni de bombera ni de enfermera

Origen: Noemí Curell i Faus no se disfrazó este Carnaval ni de bombera ni de enfermera

Este artículo pertenece a la serie de ficción Especies Urbanas, cuyo autor es John William Wilkinson y que se publica los domingos en la página web de La Vanguardia.

El año pasado, Noemí Curell i Faus y su amiga del alma Montse Baqué i Mosso se equivocaron de manera estrepitosa a la hora de escoger el disfraz para las fiestas de Carnaval. Pero la culpa no fue suya. Al menos no del todo.

Noemí compró su disfraz de bombera (24,98 euros) y Montse el suyo de enfermera (19,98 euros) sin que les pasara por la mente que lo que hacían era perpetuar los roles de género o que podría afectar la autoestima de las niñas.

Desde que Noemí saliera durante unos meses en el 2015 con un bombero de Cornellà guapísimo, no ha parado de fantasear con que ella misma podría convertirse en una bombera capaz de realizar todo tipo de actos heroicos que le permitirían salir sudorosa pero sonriente en los telediarios, siempre con el casco ladeado y las mejillas embadurnadas de hollín.

Desde que Noemí saliera durante unos meses en el 2015 con un bombero de Cornellà guapísimo, no ha parado de fantasear con que ella misma podría convertirse en una bombera

Montse, por su parte, que es peluquera, ha soñado en secreto desde niña en que algún día llegará a ser una atractiva pero abnegada enfermera que trabaja en un gran hospital a las órdenes de un médico que es el socias de George Clooney. Aun así, no se lo dijo a Noemí a la hora de comprar los disfraces. Tampoco le dijo nada Noemí a Montse de sus fantasías de intrépida bombera. Eso sí, las dos se rieron de buena gana en la tienda de disfraces.

A los poco días de iniciarse las fiestas las dos amigas se quedaron perplejas ante una polémica iniciada en Twitter por la diputada de En Comú Podem Marta Sibina, que mostraba imágenes de dos disfraces para niñas, uno de bombera y otra de enfermera. El mensaje de la diputada rezaba así: “Disfraces para niñas de 4 a 6 años. No es una broma. ¡Estamos hartas! ¡Ya basta!”.

En cuestión de minutos, la alcaldesa, Ada Colau, se unía a la indignación de las redes retuitiando a la diputada. “¡Qué vergüenza! Esto también es violencia machista y se ha de acabar”, apuntaba. Tanto Noemí como Montse, cada una en su trabajo, se quedaron heladas ante el alud de mensajes es las redes sociales. Que si violencia simbólica, que si estereotipos de género…

Montse, por su parte, que es peluquera, ha soñado en secreto desde niña en que algún día llegará a ser una atractiva pero abnegada enfermera

Total, aunque ya hacía mucho que dejaron de ser niñas, optaron las dos amigas por no lucir los disfraces que acababan de comprar. Tampoco acudieron a las fiestas. Sentían, cada una a su manera, cierta extrañeza mezclada con una más que desagradable sensación de vergüenza, aunque sin comprender por qué razón: al comprar los disfraces no eran conscientes de hacer nada malo o reprobable.

Desde entonces, sin embargo, ha estallado el caso de Harvey Weinstein o el de ese médico sinvergüenza de las jóvenes atletas norteamericanas. Y tantos casos más. Por no hablar de la tan extendida como tolerada brecha social y salarial entre hombres y mujeres, las incontables casos de violencia machista… y tantas y tantas cosas más.

Este año tampoco se disfrazarán estas dos amigas. Ya tienen suficiente con ser mujeres en un mundo tan lleno de desigualdades que siempre acaban jugando en su contra por el solo hecho de ser mujer. Es triste, pero es así.