La bomba de ETA que sentenció a la central de Lemóniz

El ataque de 1978 abría una larga retahíla de ataques mortales, de los que el proyecto nuclear nunca se recuperó

Origen: La bomba de ETA que sentenció a la central de Lemóniz

La central de Lemoiz (Bizkaia) nunca llegó a estar operativa (Hiruka komunikazio-taldea/CC)
  • El ataque de 1978 al reactor de la fallida planta causó la muerte de dos operarios y dejó 14 heridos
  • Fue el primero de una larga retahíla de ataques mortales, de los que el proyecto nuclear nunca se recuperó
  • País Vasco

    Ocurrió apenas segundos antes de las tres de la tarde del 17 de marzo de 1978. Hacía doce minutos, ETA había llamado a la emisora bilbaína Radio Popular avisando de la colocación de una bomba en la central nuclear de Lemóniz(Bizkaia). Para cuando se recibió el aviso en la centralita de la planta, la explosión del artefacto, colocado en uno de los reactores, resonó dentro de sus gruesos muros de hormigón.

    El atentado, del que esta semana se cumplen 40 años, causó la muerte de dos operarios y dejó 14 heridos en una central que sufriría tantos ataques de ETA que no llegó a estar nunca operativa.

    “Desde luego sabían dónde colocaban la bomba”, explicó Pedro Areitio, presidente de Iberduero, la empresa propietaria, el mismo día del mazazo. La banda terrorista se había sumado a la lucha antinuclear y la planta, en construcción, se convirtió en su objetivo. Cuatro meses antes, en diciembre de 1977, ya había atacado el puesto de la Guardia Civil que custodiaba el acceso a las instalaciones, muy protegidas ante el peligro terrorista y las movilizaciones sociales contra este tipo de energía.

    Cinco trabajadores de la central de Lemoiz (Bizkaia) murieron a manos de ETA
    Cinco trabajadores de la central de Lemoiz (Bizkaia) murieron a manos de ETA (Oier Araolaza/CC)

    La bomba del 17 de marzo, además de dos muertes, causó graves pérdidas materiales y daños, que retrasaron aún más los trabajos de una central que comenzó a edificarse en 1972 como parte del proyecto eléctrico nacional emprendido por Franco y que pretendía independizar el consumo eléctrico de la región. Las acciones de ETA fueron continuas y, un año y medio después, en junio de 1979, el grupo consiguió introducir otro artefacto en las turbinas de la planta, provocando la muerte de otro obrero. Apenas dos semanas antes, una activista antinuclear fallecía por disparos de la Guardia Civil en una manifestación en Tudela (Navarra).

    La espiral violenta fue en aumento y, en enero de 1981, el ingeniero jefe de la central, José María Ryan, fue secuestrado. ETA dio un plazo de una semana para demoler la central bajo la amenaza de asesinarlo. A pesar de las amplias movilizaciones sociales y políticas pidiendo su liberación, la banda acabó con la vida de Ryan. Un año después, Ángel Pascual Múgica, director de la sociedad público-privada creada para relanzar el proyecto, también sería asesinado.

    Los cientos de ataques y boicots durante ese año y la llegada al poder del PSOE acabaron dejando la central sin uso, una paralización que, según el reciente estudio sobre ETA ‘La bolsa y la vida’, ha salido caro. “Supuso 350.000 millones de pesetas de la época que hemos pagado todos a través de las facturas de la luz hasta hace dos años tras el compromiso de compensación de Felipe González con Iberduero”, indica Josu Ugarte, coordinador del informe.

    Una gran piscifactoría

    Después de décadas de abandono, la mole de hormigón situada en la cala de Basordas podría tener por fin uso. El Gobierno vasco anunció a finales de año que las instalaciones podrían convertirse en una gran piscifactoría en la que se criarán hasta 11.000 toneladas anuales de salmón, rodaballo, trucha y langostinos, entre otras especies. Desde el Ejecutivo autonómico indican que hay inversores extranjeros interesados en un proyecto que aprovecharía el emplazamiento y algunas facilidades de la planta, como las tomas de agua creadas en su momento para refrigerar los reactores.

    La propiedad de los terrenos en los que se ubica la central fue traspasada por el Gobierno de Rajoy a las instituciones vascas el pasado año, dentro del pacto presupuestario con el PNV en Madrid. Las instalaciones todavía pertenecen a Iberduero, pero el Ejecutivo autonómico confía en conseguir su cesión sin apenas costes. El nuevo proyecto no estaría operativo antes de cinco años.

    La central de Lemoiz, que nunca llegó a estar operativa, permanece abandonada
    La central de Lemoiz, que nunca llegó a estar operativa, permanece abandonada (Hiruka komunikazio-taldea/CC)