El hombre que ama a los perros (y se deja morder por ellos) – Editors’ Choice

Origen: El hombre que ama a los perros (y se deja morder por ellos) – Editors’ Choice

Karina EspinozaVIERNES, 15 DE JUNIO DE 2018 15:28

Así es Dangú, el hotel donde el apapacho perruno va más allá de las caricias y los premios: encontrarle la utilidad a su vida en la tuya es el secreto y la meta.

No, esta no es precisamente una historia de exilio y espionaje contada por Leonardo Padura sobre Trotsky y la Habana, Cuba. Pero sí es la de un hombre, Guillermo Albert, que amó, ama y amará a los perros el resto de su vida.

La vida sin animales

“Yo nunca tuve mascotas. Ni pollitos porque se morían, ni hámsters porque desaparecían. Todo empezó con una perra que Berenice, mi esposa, rescató y yo adopté. Kika fue mi primera perra. Y como yo no sabía nada de animales antes de ella, digamos que fue el experimento de todo, y uno que resultó muy bien porque es una perra muy inteligente, tanto que la puedes llevar a oír misa”.

Y es cierto, con Kika no sólo vino la experiencia de tener a un perro para Guillermo Albert, sino el giro de 180 grados: entender a un perro. Con Kika también empezó la idea de Dangú, un hotel para perros, pero no cualquier hotel/pensión donde encierran a los canes, les dan un paseo mientras limpian y después los vuelven a encerrar.

hotel dangu para perros 1

¿Qué es un Dangú?

Dangú fue construido por una inglesa llamada Helen Willis hace 15 años. Berenice, la esposa de Guillermo, lo compró con la intención de tener ahí a todos los perros que rescataba de la calle hasta que los daba en adopción.

Justo Bere, como le dice él, le dio a Kika. Y un año después de ese primer encuentro, resultó que uno de los mejores amigos de él estaba trabajando con ella. Los tres estuvieron juntos en el proyecto por un tiempo, después ese amigo en común tomó su propio camino pero dejó a estos dos encaminados en lo que hacen ahora con la ayuda de otro amigo y gurú.

Edson Parra se llama la voz experta que junto con Memo y Bere han logrado encaminar al hotel. “En Dangú todo se trata de entender a los perros. El ejemplo está en que aceptamos todo tipo de perros, sin importar tamaños ni razas; porque el objetivo es entender sus instintos”, dice Memo a Cultura Colectiva News.

Y sí, las instalaciones lo permiten. El jardín y el bosque que rodean al hotel son espacios perfectos para una experiencia completamente distinta a cualquier otro hospedaje para los canes. Los paseos por la vereda en la mañana y los juegos por la noche, que incluyen provocaciones al instinto y mordidas, son ejemplo de que Dangú va más allá de una idea inflada de “encantador de perros”.

Sin encantos, por favor

“El perro es una moda”, dice Memo, quien se rehusa a la idea del petlover sobreprotector. “Más que querer por querer a los perros, creo que tenemos que comprender lo que quieren. Los perros están sustituyendo un vacío en una sociedad en la que los nuevos adultos no queremos tener hijos. Entonces sobra tiempo y dinero, y eso lo depositas en hobbies; mucha gente ve a los perros como un entretenimiento porque un perro nunca te va a fallar, siempre va a estar ahí. Pero algo en esa ecuación no está bien”.

En Dangú el pensamiento es distinto a los mimos gratuitos. Ellos promueven una cultura diferente del perro en la que primero tienes que preguntarte: “¿Para qué lo quiero?” Porque seguramente el perro te va a cumplir a ti pero tú no a él. También tienes que pensar “¿Cuál es la función de mi perro en mi vida?”, teniendo eso claro, el instinto y lo demás fluye.

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De tal palo…

“Todos los perros se parecen a sus dueños”, dice Memo, convencido de que tú puedes hacer el perro a tu manera, pero nunca al revés. Reafirma su teoría cuando habla del vínculo entre perros y humanos: “Ellos (los perros) entendieron muy bien nuestros gestos. Y dadas las condiciones históricas, dependen para todo de nosotros porque a diferencia de otros animales, los perros no estuvieron en la naturaleza, los fuimos diseñando con una utilidad. Antes la utilidad era que si él te cuidaba o cazaba contigo, pues le dabas un hogar. Justo es ese el intercambio que se está perdiendo hoy. Ya no hay una utilidad para el perro, aunque él se quedó con la idea de conveniencia, por eso es fiel”.

“Los perros son fieles. No importa qué pase en el día, cómo se sientan con el clima o las cosas, ellos te van a seguir hasta la tumba. Es un valor que si los humanos siguiéramos, por ejemplo, con las personas que amamos, estaríamos en otro nivel. Pero no, siempre nos ponemos pretextos para no hacer ciertas cosas o nos cuestionamos inútilmente”.

¿Tendríamos que admirarles eso? Memo escucha y piensa la respuesta: “El ejemplo son todos esos perros que andan con vagabundos y los siguen sin protestar. Están por un vínculo más que por hambre y es de lo que nos aprovechamos los humanos”.

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De regreso al hotel

Para los ojos de sus dueños, Dangú no es un hotel distinto a otros en el sentido de los servicios y apapachos pero sí en el manejo y el respeto de los perros. Hacen hincapié en la charlatanería o simple confusión de que “por creer que amas a los perros piensas que puedes cubrir todas sus necesidades” y se aferran a derrumbar la idea.

¿Entonces no hay autocomercial? Memo ríe y después se pone serio. “No me gusta anunciarme. Un buen médico nunca se anuncia, sus pacientes traen a otros pacientes y así hasta que está el consultorio lleno. Pienso que Dangú funciona igual, la gente que viene nos recomienda con otra y así sucesivamente. Aunque eso sí, como cualquiera que tiene perros, le diría a la gente que vea cómo es ese lugar donde van a dejar lo que más quieren”.