El dibujante que desafió a Obiang

Origen: El dibujante que desafió a Obiang

El ilustrador Ramón Esono, activista contra la dictadura de Guinea Ecuatorial, explica su cautiverio


El dibujante que desafió a Obiang

Ramón Esono –en la imagen con uno de sus libros– se ha refugiado en España para mantener su voz crítica contra la dictadura de Obiang (Àlex Garcia)
JOHANESBURGO. CORRESPONSAL

Al dibujante Ramón Esono (1977, Mikomeseng, Guinea Ecuatorial) le salvaron un bolígrafo y un cartón. En septiembre del año pasado, al entrar en la cárcel de Black Beach (Playa Negra) en Malabo, considerada una de las peores prisiones de África y donde las organizaciones de derechos humanos tienen vetada la entrada, fue consciente de que su situación se podía torcer todavía más. “Cuando atravieso la puerta de la cárcel ya sé que puede pasar cualquier cosa”. Dentro, se encontró un recinto hacinado —más de 700 presidiarios atiborraban la estancia—, un cóctel hediondo de ratas, cucarachas y enfermedades y, peor aún, la impunidad total: “Se llevaban a un preso y un rato después lo traían con el brazo roto, lleno de moratones, sin poder hablar ni poder caminar… Eso pasa en Playa Negra, lo ves todos los días. Es una cárcel llevada por militares”. Para resistir durante los cinco meses y medio detrás de los barrotes, Esono, una de las voces más críticas con el régimen dictatorial de Teodoro Obiang, se refugió en su pasión: el dibujo. Consiguió un bolígrafo de contrabando y empezó a hacer ilustraciones en cartones. Como a los guardas les gustó el resultado, hicieron la vista gorda y el artista ecuatoguineano dio un curso de ilustración para todos los reclusos. “Daba charlas sobre dibujo, sobre definir un estilo propio, les animaba a intentarlo (…) Durante cuatro meses, dibujábamos todos los días, siempre en cartones”. Para Esono, conocido artísticamente como Jamón y Queso y uno de los ilustradores más reconocidos de Guinea Ecuatorial, el dibujo era también una forma de soportar el castigo de estar encerrado pese a ser inocente. En septiembre del 2017, Esono fue detenido bajo la acusación de fraude y blanqueo de dinero en Malabo, adonde había regresado para renovar el pasaporte tras seis años fuera del país. Fue un montaje para darle una lección. Su encarcelamiento provocó la protesta de organizaciones de derechos humanos como Human Rights Watch o Reporteros Sin Fronteras, que denunciaron motivaciones políticas, y creó una campaña para pedir su libertad de decenas de ilustradores de todo el mundo. En febrero, el fiscal retiró todos los cargos ante la absoluta au­sencia de pruebas y Esono acabó una pesadilla de casi medio año. Por si había dudas de las inten­ciones del régimen, el día de su arresto la policía se lo dejó claro: “Cuando me detienen, empiezan a hacer preguntas sobre mis ilustraciones y mi blog, que incluía dibujos escatológicos de la familia presidencial y políticos históricos del país. Sólo al día siguiente me vienen con el cuento de la falsificación de dinero. Por suerte me cogen cuando estaba con dos amigos españoles que pueden corroborar toda mi versión”.

Esono pasó casi medio año en la cárcel de Playa Negra, una de las más duras y siniestras de África

Esono, uno de los artistas más galardonados –y censurados– de Guinea Ecuatorial, con obra expuesta en galerías de todo el mundo como la Feria de Arte Contemporáneo de Madrid (ARCO) o el Festival Internacional de Angulema (Francia), destaca además por usar su talento para luchar por la libertad de su país. Y lo hace sin acobardarse. En su cómic La pesadilla de Obi, retrató a un presidente Obiang corrupto y mujeriego que se despierta una mañana como un ciudadano corriente y debe sufrir el sistema decadente y desigual que él mismo ha creado. Esono sabe que fueron a por él –“estoy convencido de que su idea era pillarme solo, llevarme a nuestro Guantánamo y hacerme desaparecer”– pero, dice, no piensa callar ante los abusos el régimen de Obiang, en el poder desde hace 40 años.

Esono podría haber optado por una vía cómoda y sin preocupa­ciones. Hijo de un abogado que fue dos veces ministro, presidente del Comité Olímpico y oficial de aduana en Guinea Ecuatorial, creció en Malabo en un entorno de amigos de barrio, juegos en la playa y sin lujos excesivos pero sin priva­ciones. “No era un pijo, pero a diferencia de los demás yo podía ­estudiar si quería e ir al hospital si caía enfermo”. De su infancia,­ Esono recuerda el regalo de Navidad que debía compartir con sus siete hermanos, y los libros de derecho de su padre que él pintarrajeaba cada dos por tres. “Mi padre se ­enfadaba y si me pillaba me daba una buena”.

Esono dice que fue la lectura –su padre traía los periódicos a casa cada día– lo que despertó su vena política y social. Pero su activismo nació de abrir los ojos al salir de casa. “Veía que la gente no vivía bien, que somos un país rico y la gente es pobre y no tiene libertad”. La pequeña ex colonia española es una nación con enormes depósitos de petróleo y gas y una renta media comparable a la de España: 34.900 euros per cápita, mientras que los españoles alcanzan los 38.200. Aun así, el 44% de los ecuatoguineanos vive por debajo del umbral de la pobreza.

Tras su salida de la cárcel y unas trabas administrativas que le ­retuvieron varias semanas más en Guinea Ecuatorial, Esono regresó a finales de junio a España, donde se ha reencontrado con su mujer española y su hija de seis años. Sus ganas de dar batalla siguen in­tactas y ya tiene a punto un nuevo proyecto: ha empezado un cómic sobre su experiencia en Playa ­Negra.

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