Escalofríos en Bataclan

Origen: Escalofríos en Bataclan

La sala parisina cancela los conciertos del rapero Médine por la indignación que suscitan sus textos islamistas


Escalofríos en Bataclan
El rapero Médine durante una actuación, en una imagen colgada en su cuenta de Instagram (.)
PARÍS. CORRESPONSAL

Las heridas están todavía demasiado abiertas y no conviene tocarlas, ni siquiera en nombre de la libertad artística. Con este razonamiento de fondo, la sala de espectáculos parisina Bataclan y el polémico rapero Médine decidieron suspender los conciertos previstos para los próximos días 19 y 20 de octubre.

A los supervivientes del atentado del 13 de noviembre del 2015 y a las familias de los 90 fallecidos les provocaba escalofríos la mera idea de que, en el mismo lugar del crimen, pudieran cantarse temas con letras ambiguas o claramente provocadoras que pueden considerarse demasiado complacientes con los ideólogos del yihadismo e incluso una apología del terrorismo.

Víctimas del atentado del 2015 y sus familias veían ofensivo que en el mismo local sonaran letras provocadoras

Los responsables del local y el propio artista comunicaron anteayer, en vista del ambiente, que, “por una voluntad de apaciguamiento”, habían decidido renunciar a los conciertos. El rapero actuará en otra sala de la capital francesa, Zénith, el 9 de febrero del 2019.

Médine escribió en su cuenta de Instagram que la decisión había sido “dolorosa” y la atribuyó, en parte, a las amenazas de “grupos de extrema derecha que preveían organizar manifestaciones cuyo objetivo era dividir, sin dudar en manipular y reavivar el dolor de las familias de las víctimas”. Según el rapero, la cancelación de sus actuaciones se tomó “por respeto a esas mismas familias y para garantizar la seguridad de mi público”.

El artista, francés de ascendencia argelina, condena el terrorismo y denuncia la amenaza de la extrema derecha

La perspectiva de que el cantante ocupara el escenario marcado por el terrible atentado era insoportable para los afectados. Varios abogados representantes de las víctimas, entre ellos Philippe de Veulle, calificaron de “humillación” los conciertos previstos y querían poner en marcha acciones legales para evitar que un artista al que acusaron de “incitar al odio, la violencia y la discriminación” pudiera cantar allí. “Escoger Bataclan para su concierto es ofensivo y despreciativo”, agregó De Veulle, que actuó en nombre de un matrimonio italiano cuya hija resultó herida de bala durante el ataque.

Patrick Jardin, cuya hija murió en Bataclan, presentó también una denuncia ante un juzgado de París. “Yo no hago política, es la acción de un padre que perdió a su hija en condiciones atroces –declaró Jardin a una emisora RTL–. A mí no me importa para nada que Médine actúe, pero no quiero que lo haga justamente en Bataclan”.

Médine (que se apellida Zaouiche pero usa artísticamente su nombre de pila), de ascendencia argelina pero nacido en Normandía hace 35 años, siempre ha condenado los atentados de matriz islamista y acusa de mala fe a quienes, según él, distorsionan el sentido de sus composiciones musicales.

Las letras de las canciones de Médine, como las de otros raperos –con independencia de su fe–, pueden ser muy agresivas. Pero en el contexto del terrorismo islamista el tono de Médine adquiere mucha más gravedad. Se sabe que los autores de los atentados han sido adoctrinados y algunos han pasado de las palabras a los hechos. Ya en el 2005, Médine tituló Jihad su álbum. En el 2015, una canción incluía esta frase: “Crucifiquemos a los ateos como en el Gólgota”.

El julio pasado se produjeron tres detenciones en el seno de un grupúsculo de extrema derecha entre cuyos objetivos se planteaban el asesinato de Médine y de islamistas que hubieran cumplido sus condenas de prisión.

El 13 de noviembre del 2015 fue una de las jornadas más negras del terrorismo yihadista en Francia. Hubo una cadena de atentados en París y sus suburbios que expusieron la vulnerabilidad del país. Los terroristas intentaron atacar el Stade de France en pleno partido amistoso de fútbol entre la selección nacional y la de Alemania. En la tribuna estaba el entonces presidente François Hollande. Al no poder entrar en el recinto, los yihadistas se inmolaron haciendo estallar las cargas explosivas que llevaban. Otras acciones mucho más graves siguieron. Un comando ametralló las terrazas de varios cafés y restaurantes. El peor ataque tuvo lugar en Bataclan, en plena actuación del grupo de rock estadounidense Eagles of Death Metal. Tres yihadistas abrieron fuego contra los asistentes al concierto, convirtiendo la sala en un infierno. Hubo 90 muertos y centenares de heridos. En total 130 fallecidos sumando las víctimas de las otras acciones. Francia no había vivido nada parecido desde la II Guerra Mundial.

El pasado miércoles, el presidente Emmanuel Macron, en los jardines de los Inválidos, durante la ceremonia anual de homenaje a las víctimas del terrorismo, anunció su intención de construir un museo y memorial en honor de todos los que han perdido la vida en atentados, así como una jornada nacional de tributo. También pretende crear, antes de fin de año, el Centro Nacional de Recursos y Resiliencia (CNRR), que se ocupará de hacer un seguimiento y de ayudar a las víctimas.

Por muy buena voluntad que tenga Macron, la controversia está garantizada porque el terrorismo ha sido de muy distinto signo –desde el reciente yihadista al que practicaron durante años los independentistas corsos– y costará mucho consensuar cómo se recuerda. El episodio del rapero Médine y Bataclan evidencia cuán difícil es gestionar la sensibilidad en este terreno.

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