La defensa del Chapo acusa al presidente de México de cobrar sobornos del “verdadero jefe” del cártel de Sinaloa

Origen: La defensa del Chapo acusa al presidente de México de cobrar sobornos del “verdadero jefe” del cártel de Sinaloa

Enrique Peña Nieto y Felipe Calderon negaron de inmediato haber recibido cobro alguno.


La defensa del Chapo acusa al presidente de México de cobrar sobornos del “verdadero jefe” del cártel de Sinaloa
Joaquín “El Chapo” Guzmán se enfrenta a una posible cadena perpetua AP (Jane Rosenberg / EFE)

Por la expresión inamovible de su cara, una especie de sonrisa simple a medio hornear, el Chapo reacciona siempre igual al escuchar lo que su traductora le murmura en español sobre lo que dicen de él en la sala. Hoy, primer día del juicio en el Tribunal de Brooklyn, le duele la oreja y no quiere ponerse los auriculares. Así que su reacción facial es la misma cuando el fiscal lo describe como un abyecto narcotraficanteasesino frío y vengativo, que al saber que su abogado lo reduce a un mero chivo expiatorio para dar cobertura al verdadero jefe del cártel de Sinaloa, que responde por Ismael “el Mayo” Zambada y que se dedica a sobornar al gobierno mexicano.

“Le culpan a él mientras el líder real vive en México libre y abiertamente. En realidad, él no controla nada, “Mayo” Zambada todo”, insistió el letrado Jeffrey Licthman este martes ante los miembros del jurado, señalando a su patrocinado como cabeza de turco. Aún subió la apuesta al afirmar que “Mayo Zambada tiene sobornado al actual presidente de México y al anterior”, dicho, tal cual, sin prueba alguna y con el enfado del equipo de acusadores. Un portavoz del presidente Enrique Peña Nieto replicó de inmediato: “Eso es totalmente falso”. El ex presidente Felipe Calderón también negó que hubiera recibido dinero del cartel de Sinaloa.

Lichtman, ex letrado de la familia mafiosa neoyorquina de los Gotti, puso las cartas encima de la mesa en su alegato inicial en la apertura del juicio por el que Joaquín Archivaldo Guzmán Loera, de 61 años, afronta una condena de cadena perpetua. El defensor anticipó que su labor consistirá en un ejercicio de demolición de la honorabilidad de las fuerzas de seguridad, incluidas las estadounidenses, a la que pintó de corruptas, y de la credibilidad de los testigos, muchos de ellos arrepentidos o “cooperantes”, como los definió el fiscal Adam Felds, a quién le tocó presentar la acusación.

Reproducción fotográfica de un dibujo realizado por la artista Jane Rosenberg sobre la primera jornada del juicio a Joaquín 'El Chapo' Guzmán en Nueva York

Reproducción fotográfica de un dibujo realizado por la artista Jane Rosenberg sobre la primera jornada del juicio a Joaquín ‘El Chapo’ Guzmán en Nueva York (Jane Rosenberg / EFE)

Según Felds, este es un asunto sobre droga, dinero, violencia, asesinatos y huidas. “Controlaba a sicarios a los que enviaba para aniquilar a los competidores. Ordenó matar a uno porque no le trató con el debido respeto. Ni los miembros de la familia eran inmunes, mandó matar a un primo al pensar que colaboraba con las autoridades”, recalcó.

Los acusadores cuentan con miles de documentos, vídeos, grabaciones, mensajes de texto, incluido material hallado en las casas seguras por las que pasó Guzmán tras sus dos fugas de prisión, en especial la del 2015. Además de los “testigos cooperantes”. Felds explicó los orígenes del Chapo, por bajito, se produjo de una manera modesta en la década de los setenta como traficante de marihuana. Pronto recibió otro apodo, el de rápido, por la velocidad en que metía la droga en Estados Unidos mediante una red de túneles.

Se hizo con una flota de aviones y empezó a dar salida de la cocaína colombiana con destino a Los Ángeles, Chicago o Nueva York, desde donde se expandió por todo el país. Sólo como ejemplo de una parte de su labor, Fels sostuvo que introdujo 41 toneladas en sólo cuatro envíos, “lo que equivalía a 328 millones de dosis de cocaína, uno por cada ciudadano de Estados Unidos”.

Su negocio floreció usando túneles, trenes, aviones, camiones, barco y submarinos. Incentivó la guerra entre carteles, para eliminar rivales, aunque esto le llevó a huir a Guatemala. Allí se detuvieron en 1993. Pasó ocho años encerrado, circunstancia que, insistió Felds, no impidió que continuará dominando el negocio y ampliándolo. El fiscal aludió a las dos fugas -una en el carro de la lavandería y a otra por otro subterráneo de 1,6 kilómetros por el que circuló en motocicleta- y argumentó que parte del dinero lo invirtió en hacerse con un verdadero ejército de asesinos.

“Si hubiera venido un extraterrestre, sin saber nada de nuestro sistema judicial, habría pensado que esto que han escuchado son pruebas, y no es el caso, nada más lejos”, se arrancó Lichtman en su turno. ¿Por qué el gobierno va tan lejos utilizando a esta gente de las cloacas, estos testigos, como evidencias?, se preguntó. “Es porque la condena del Chapo es el mayor premio que una acusación siempre soñaría”, insistió El letrado pidió al jurado que “mantengan la mente abierta y consideren que los gobiernos de México y Estados Unidos, y sus fuerzas de seguridad, puede ser corruptas”.

Reiteró que familiares de Mayo Zambadas serán parte de esos testigos, de nula credibilidad, añadió, porque sólo buscan bajas condenas y quedarse en nuestro país. ¿Cómo podemos aceptar a semejantes criminales entre nosotros?, planteó dirigiéndose directamente al jurado.

Si Felds describió al Chapo como un tipo ambicioso y creativo en su criminalidad, Licthman aseguró que era un pobre hombre que empezó a trabajar en Sinaloa en el cultivo de la marihuana como tantos pobres en aquella zona. Si empezó su mito se debió a que le emboscaron. Contó que en 1993 mataron a un cardenal, del que no dio el nombre, y dijeron que iban a por el Chapo, cuando ni se parecían en el físico ni en la edad. De vuelta a la teoría del chivo expiatorio, recalcó que esa muerte del religioso por el fuego cruzado no fue más que una excusa. En verdad querían matar la cardenal para acallarlo en su denuncia de la corrupción gubernamental. Pero que el Chapo sobreviviera le hizo entrar en la leyenda, según el abogado defensor.

El juicio de alta seguridad arrancó con casi cinco horas de retraso, en tanto que los periodistas, sin acceso a electrónicos, no podían abandonar la sala ya que no podían volver a entrar. El retraso se debió a que a dos de los jurados les entró miedo. Una mujer remitió una carta el juez Cogan explicándole que le habían vuelto los ataques de ansiedad al verse metida en este asunto. Otro indicó que, como autoempleado, era imposible para él mantenerse los tres o cuatro meses que se prevé se prolongue esta vista oral.

En la sala, Emma Coronel, la esposa del acusado, vestida toda de negro, estaba preocupada por la cortaba que iba a lucir su marido. En esta ocasión no llevaba el mono penitenciario, sino que el Chapo vestía traje oscuro, camisa clara y corbata a dos tonos azules.

Emma Coronel, esposa del acusado, en la primera sesión del juicio
Emma Coronel, esposa del acusado, en la primera sesión del juicio (Elizabeth Williams / AP)

“Sí que me gusta la corbata, se la he comprado yo”, replicó Coronel. Pero le llamó la atención a uno de los abogados, ella pretendía que el primer día la corbata fuera otra. “Ahora me van a hacer un chisme de esto”, suspiró al ver el interés de los periodistas.

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