El futuro de África es femenino

Origen: El futuro de África es femenino

Queda trabajo por hacer, pero los avances en derechos y representación política de las mujeres africanas protagonizan el cambio en la zona


El futuro de África es femenino
Cada vez más mujeres con mayor formación. Las africanas cada vez tienen más acceso a la educación. En todo el continente, el analfabetismo femenino ha bajado del 52% en el 2004 al 32% actual, un descenso que duplica el de los hombres. En la imagen, una ceremonia de graduación en la Universidad Bahir Dar, en Etiopía. (EDUARDO SOTERAS / AFP)
LUBUMBASHI, RD CONGO. CORRESPONSAL

A finales de octubre, la joven Hafsa Nuradin saltó de la silla de felicidad. Etiopía acababa de hacer historia y la escribía en femenino: días después de nombrar un gobierno con mujeres en la mitad de sus carteras ministeriales –entre ellas Defensa o Servicios Secretos de inteligencia– el país designó a Sahle-Work Zewde como primera presidenta de su historia. Aunque el puesto tiene un carácter representativo —el poder lo ostenta el primer ministro— el gesto fue aplaudido internacionalmente y generó una ola de optimismo en miles de mujeres africanas.

Al aceptar su cargo, la diplomática de 68 años mandó un mensaje a todas ellas: “Si alguien piensa que hablo mucho sobre mujeres que espere a escuchar todo lo que tengo que decir”. A Nuradin, que a sus 22 años estudia ingeniería civil en Mogadiscio, se le ha quedado grabada esa convicción: “Su nombramiento me inspira a seguir adelante y conseguir mis objetivos”.

El número de africanas que son diputadas es mayor que el de EE.UU. y casi igual que el de Europa

La esperanza y admiración de chicas como Nuradin anuncian aires de cambio en el continente africano. Aunque queda mucho para lograr la igualdad de género en África, donde conviven realidades diferentes, los avances en derechos en decenas de países africanos y el aumento de representación política de las mujeres africanas protagonizan el cambio en el continente.

Para la ugandesa Jessica Horn, directora de programas de la Fundación para el Desarrollo de la Mujer Africana (AWDF), la clave es la mezcla de mentalidad y educación. “Las jóvenes están cada vez más concienciadas e implicadas, y eso es algo vital porque África es un continente muy joven. No es sólo un movimiento feminista sino diverso: defiende los derechos del colectivo LGTB, a las afectadas por la violencia sexual o VIH, exige representación política…Cada vez hay más esfuerzos para proteger los derechos de las mujeres”.

Primera presidenta de Etiopía. Sahle-Work Zewde (68 años) se convirtió, el pasado 25 de octubre, en la primera mujer presidenta de Etiopía en toda su historia. Además, la mitad del Gobierno etíope está formado por mujeres. A pesar de que el cargo tiene un carácter representativo, su elección fue muy aplaudida internacionalmente.

Primera presidenta de Etiopía. Sahle-Work Zewde (68 años) se convirtió, el pasado 25 de octubre, en la primera mujer presidenta de Etiopía en toda su historia. Además, la mitad del Gobierno etíope está formado por mujeres. A pesar de que el cargo tiene un carácter representativo, su elección fue muy aplaudida internacionalmente. (Anadolu Agency / Getty)

La representación política es la punta de lanza del optimismo. En la última década se ha triplicado el número de mujeres africanas en puestos ministeriales y ya representan el 22,5% de los asientos parlamentarios, un porcentaje similar al de Europa (23,5)% y superior al de EE.UU. (18%).

Para Horn, coordinadora del informe Futuros de África. Evolución de la mujer para 2030, los avances son fruto de la posición activa de la mujer africana durante décadas. “Es el resultado del trabajo incansable de movimientos feministas y mujeres activas en luchas de liberación e implicadas en política. Es el caso de Etiopía, Ruanda o Sudáfrica. Es un fenómeno político. Cada vez más mujeres tienen experiencia en posiciones de liderazgo”.

Un 93% de las ruandesas tienen un empleo, lo que representa el mayor porcentaje del mundo

Desde Gambia, la ciberactivista feminista Aisha Dabo, destaca el papel crucial de las mujeres en el fin de 22 años de dictadura en su país. “El rol de la mujer en la sociedad africana es crucial. No sólo es madre, mantiene a la familia unida o conserva la cultura y tradiciones. Su rol le da una posición de respeto y permite que opine en público desde siempre, delante de quien sea. Por eso, el día que miles de mujeres salieron a la calle para defender la democracia supimos que era el fin de Jammeh”.

Ruanda ilustra la evolución femenina africana. Además de ser el primer país del mundo en representación femenina en el Parlamento —casi un 60% de los asientos— el país africano alcanzó la cuarta posición mundial en el último informe sobre brecha de género del Foro Económico Mundial (FEM). Desde Kigali, capital ruandesa, la economista y analista en desigualdad de género Josephine Nkurunziza sitúa el motor del cambio más allá de los números: en la voluntad después del horror. “Los avances —opina— son herencia del genocidio de 1994. Muchas mujeres quedaron viudas y al frente de sus familias o comunidades. Se cambiaron leyes para permitirles tener propiedad de la tierra o representación pública y ahora las nuevas generaciones han cambiado la mentalidad. Son mujeres que han crecido con oportunidades similares a las de los chicos, con leyes paritarias y pueden alcanzar su potencial”. A pesar de la falta de libertad de expresión y la mentalidad patriarcal que impera en Ruanda, el gobierno aprobó leyes de defensa de los derechos de las mujeres o para facilitar su acceso al trabajo. Dieron resultado: el 93% de las mujeres ruandesas tiene empleo, el porcentaje más alto del mundo.

Ruanda, a la cabeza en igualdad de género. Este país es el primero en representación femenina en el Parlamento –un 60% de los parlamentarios ruandeses son mujeres– no sólo en África, sino en todo el mundo, y se sitúo en la cuarta posición mundial en el último informe del Foro Económico Mundial sobre brecha de género.

Ruanda, a la cabeza en igualdad de género. Este país es el primero en representación femenina en el Parlamento –un 60% de los parlamentarios ruandeses son mujeres– no sólo en África, sino en todo el mundo, y se sitúo en la cuarta posición mundial en el último informe del Foro Económico Mundial sobre brecha de género. (George Kalisa / EFE)

Aunque el ejemplo ruandés es distinguido, no es único. En el índice del FEM, otros países africanos como Burundi, Namibia, Sudáfrica o Mozambique tienen una puntuación superior o igual a la de España.

Para Graça Machel, activista y primera ministra de educación mozambiqueña —además de viuda de Nelson Mandela—, hay una herramienta clave para que el cambio cristalice: la educación. “Invertir en mujeres es una inversión estratégica porque no sólo mejora su vida, sino la de sus familias y la sociedad. Da igual si es una niña, una adolescente o una adulta, la mujer tiene la capacidad de empoderarse a ella misma y también a sus familias, sus comunidades y sus naciones”. Si la contribución económica familiar de las mujeres africanas salta a la vista –copan los mercados, venden mercancías o trabajan los campos–, al sumarle formación, el panorama se ilumina.

A pesar de los avances, aún hay países en los que la escolarización media de niñas es sólo de tres años

Según el informe No Ceilings de la Fundación Clinton, cuatro de los cinco países con más porcentaje de mujeres emprendedoras del mundo están en África: Nigeria, Ghana, Botswana y Uganda.

Pero es precisamente en el campo educativo, donde el mapa africano resalta su diversidad. A nivel general se observa un avance. De 1994 al 2004, el 52% de las mujeres africanas era analfabeta, hoy la cifra es del 32%, un descenso que duplica al de los hombres. Pero al bajar al terreno las diferencias se enturbian: sólo una de cada tres chicas acaba la educación secundaria.

Las asignaturas pendientes son la violencia sexual, el matrimonio infantil o la mortalidad maternal

Y África son Áfricas. Según el índice de Mujeres, Paz y Seguridad, del Georgetown Institute, mientras que Sudáfrica o Namibia cumplen con la media de 10 años de educación infantil propia de países desarrollados, la puntuación global del continente baja hasta los tres años de escolarización media por la decepcionante puntuación de países como Níger, Mali, Burundi, República Centroafricana, Sudán del Sur, Congo o Somalia. Aunque el índice, que puntúa la inclusión, la justicia o la seguridad, sitúa en el furgón de cola mundial hasta siete países africanos, sólo por encima de Siria, Afganistán, Yemen o Pakistán, también subraya que estados como Ghana, Islas Mauricio, Tanzania o Zimbabue están ya por encima de la media mundial.

El estudio apunta además cambios en el rol del hombre: en los últimos años el porcentaje de hombres de Ghana o Botswana que no aceptan que las mujeres trabajen fuera de hogar es tan bajo como en los países europeos.

Marta Vallas, directora general de Mujeres por África, se muestra optimista ante un “movimiento importante por los derechos de la mujer y un activismo en auge”, pero evita ingenuidades. “Aún hay muchos retos y desafíos como la violencia sexual, los matrimonios infantiles o la mortalidad maternal. El avance es positivo aunque queda mucho”.

Pero incluso en esos campos las cifras invitan a ver la botella medio llena. Si de 1993 al 2013 la mortalidad materna se redujo en África un 43%, otra cuestión sensible por motivos tradicionales y religiosos –campos donde el cuerpo de la mujer históricamente sale perdiendo– como la mutilación genital femenina ha sufrido un fuerte retroceso. Un estudio publicado en el BMJ Global Health indicó que la cifra de niñas que sufrieron ablación en África del este pasó del 71% en 1995 al 8% en el 2016. En África del oeste, el porcentaje se redujo del 75% al 25%. El estudio hablaba de “disminución enorme y significativa de ablaciones”. Todavía demasiadas.

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