Ida Vitale: “España es un parche, pero es mejor que siga unida”

Origen: Ida Vitale: “España es un parche, pero es mejor que siga unida”

La poeta muestra su lucidez, vivacidad y energía, que contradicen abiertamente su fecha de nacimiento


Ida Vitale: “España es un parche, pero es mejor que siga unida”
La poeta Ida Vitale, fotografiada ayer en el hotel Hilton de Guadalajara (Refugio Ruiz)
GUADALAJARA (MÉXICO)

La poeta Ida Vitale entró, hace diez días, en el olimpo de los escritores en español, el palmarés del premio Cervantes. Anda ahora por la Feria Internacional del Libro (FIL) de Guadalajara (México) como una estrella de rock, firmando centenares de libros –sobre todo, su Poesía reunida (Tusquets) y sus memorias parcialesShakespeare Palace (Lumen, que llegarán en enero a España)–, dejándose hacer selfies y siendo abrazada por fans de toda condición. Su lucidez, vivacidad y energía contradicen abiertamente la fecha de nacimiento (2 de noviembre de 1923) que figura en su pasaporte uruguayo.

¿Qué recuerdos tiene de Juan Ramón Jiménez?

Lo conocí en un momento excepcional para él. Vino de EE.UU, de gira por América Latina, y por única vez en su vida estaba exultante, porque volvió a encontrar su lengua. La fama lo acompañaba. En Montevideo, los palcos del teatro Solís eran racimos, acogía cada uno no a cinco personas sino a dieciocho. A mí me trató bien, yo no pertenecía a su generación, que fue la que recibió sus palos iniciales. Es un buen principio, que lo pongan a uno en su sitio.

¿Cuál fue su primer contacto con los libros?

Mi abuela me ponía a limpiar la biblioteca familiar los sábados, era mi tarea. Creo que lo hizo para acercarme a los libros, para que viera que no mordían.

España ha sido importante en su formación…

La literatura española, con toda la generación del 27, ha sido lo más importante en mi vida. José Bergamín era alegre, andaba por el mundo solo, dejó a sus hijos en Venezuela con su hermano porque había muerto la madre. Era curioso y astuto, sin sentido negativo. Siempre sabía lo que debía decir y dónde decirlo, con humor, generosidad y la conciencia clarísima de que todos nosotros éramos analfabetos y por eso nos mandaba leer lo que creía que debíamos saber: yo descubrí la gran literatura alemana gracias a él. Compraba libros y nos los regalaba: “Ida, ¡esto has de leerlo!”.

¿Sigue la actualidad española, lo de los restos de Franco?

Sé bien lo que significa Franco, gracias a los exiliados. Pero si la gente está muerta mejor no menealla porque eso puede provocar que salga algún energúmeno a defenderlo.

Su obra no está politizada.

Así como una frena la cursilería, en los poemas, he frenado la política.

Su amigo Alberti no frenaba tanto.

Él era español y tenía todo el derecho y, aún más, la obligación de decir lo que pensaba de la dictadura.

¿Qué más frenaba usted?

Me frenaba para no hacer como Neruda o como el Romancero gitano… ¿Cómo no va uno, cuando empieza, a dejarse ganar por la música, lo pintoresco, las imágenes? La riqueza es lo primero que a uno le gana. Juan Ramón era el polo opuesto.

A usted le han colgado la etiqueta de esencialista…

¿Qué querrá decir? Supongo que tiene relación con la brevedad, o privilegiar aquello que me resulta más natural. Me gusta una cierta simplificación.

Muchos novelistas tienen una disciplina militar. Los poetas no son así, ¿verdad?

No. No es que no me tiente la novela, tengo una en el cajón.

¿Acabada?

Le faltarían unas diez páginas. Dejé para el final acabarla… pero el final ya llega.

¿Le gusta el boom?

Cortázar me encanta, el que más. Y García Márquez, aunque es el polo opuesto. Leo todo. Bueno, todo no, leí Guerra y paz a los 12 años y eso hace que una no pueda aceptar a Corín Tellado. Me gusta mucho Guimaraes Rosa, tan alejado de la literatura rioplatense.

¿Los conoció?

Sí, a algunos, a García Márquez le cociné ñoquis.

Gabo perdió la memoria, pero, aunque no reconociera a la gente, recordaba bien los poemas.

He podido comprobar por mis amigos que se pierde mucho la memoria de los nombres, todos los nombres, es curiosísimo ¿a dónde irán?

Dígame la verdad: ¿existe la inspiración? ¿Y las musas?

Me encantaría tener una musa a mi servicio, la contrataría a media jornada. No creo que existan. Hay que tener tiempo y mucha tranquilidad.

Pero a usted la inspiraron los dioses griegos…

Hoy han sido sustituidos por los superhéroes. A mí me fascina la mitología, ¿la Biblia qué es, si no? La mitología es la mejor forma de representar la condición humana: ahí está todo, nuestros problemas, nuestras virtudes… Yo les enseñaría mucha mitología a los niños. Ya sé que hoy se teoriza mucho sobre que no hay que cargarles de trabajo, pero eso es un grave error pedagógico: ¡a los niños hay que sobrecargarlos!

¿Qué?

Claro, a esa edad somos esponjas, que después se resecan. Hay que aprovecharlo. La mayoría de los niños quiere aprender, son muy curiosos. Carguémosles ahora de ta­reas, que de mayores no las harán.

¿Se sabe sus poemas?

Al contrario, trato de olvidarlos para poder escribir otros.

Políticamente, ¿quién es?

Lo opuesto a ese cómico que gobierna el norte de América y a esos amigos suyos en Brasil y Venezuela, esas auténticas fantasías. No deberían haber llegado ni a intendentes de una provincia, y están al frente de países influyentes. ¿Por Europa cómo andan?

Bueno, empeorando, diría.

Lo único que ha mejorado es Alemania ¿verdad?

¿Sigue noticias de Catalunya?

Sí. España es un parche, siempre lo fue, y la relación entre Catalunya y España significa conciliar cosas distintas. La psicología entre ustedes es distinta. Es muy complicado pero aun así es siempre mejor la unión que la separación. Vale la pena.

¿Cómo es un día en su vida?

Escribo de noche, cuando todo está tranquilo.

¿Después de cenar?

Yo no ceno. Me gusta mucho el té de la tarde y lo corro un poco, mejor ir ligero de equipaje alimenticio.

¿Qué más hace?

Nada. Veo televisión, la serie del comisario Montalbano, ya leí todo Camilleri, así que tengo derecho a ver las películas. Observo con inquietud que pululan los derivados de Montalbano. Esos no me gustan.

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