Crítica Razzia: La arrinconada diversidad marroquí | Cultura | EL PAÍS

Origen: Crítica Razzia: La arrinconada diversidad marroquí | Cultura | EL PAÍS

La exposición de cada una de las historias es muy desigual, cojitranca en lo narrativo y esquemática en las motivaciones

Un fotograma de 'Razzia'.
Un fotograma de ‘Razzia’.

Si hace siete días comentábamos en estas mismas páginas que la mejor virtud de la iraquí La decisión era su lugar de procedencia, la singularidad del estreno en España de una producción de un país exótico en lo cinematográfico pero con evidente repercusión internacional en lo político y en lo social, hoy podemos decir prácticamente lo mismo de la marroquí Razzia, sexta película de Nabil Ayouch.

RAZZIA

Dirección: Nabil Ayouch.

Intérpretes: Mariam Touzany, Arieh Worthalter, Amine Ennaji, Dounia Binebine.

Género: drama. Marruecos, 2017.

Duración: 109 minutos.

Autor de una de las obras fundamentales en materia de terrorismo yihadista, la magnífica Los caballos de dios (2012), sobre el germen social y religioso, la formación mental y moral y el entrenamiento físico de los fanáticos suicidas, Ayouch se adentra esta vez en la diversidad de la sociedad marroquí y en sus relaciones con lo que en otros ámbitos serían convenciones y en el país vecino están consideradas como actitudes extremas. El director, nacido en Francia y de origen marroquí, regresa así a la tierra de su padre, un magrebí musulmán casado con una judía palestina, para analizar la (im)posible convivencia de cuatro personajes en los márgenes del progresismo: una mujer moderna y liberada, pareja de un aparente similar, al que el machismo se le escapa como el sudor nervioso; un homosexual que sueña con convertirse en el nuevo Freddie Mercury; una adolescente lesbiana de familia adinerada, y un empresario judío alcohólico.

Un relato de vidas cruzadas y desarrollo un tanto gastado por aquella sobredosis mundial de los años noventa y los primeros años del nuevo siglo, pero que sabe retrotraerse bien hasta un pasado relativamente reciente, donde Ayouch apunta el principio del fin: la década de los 80, la expansión de la arabización en los colegios y del salafismo más radical. Y es ahí donde el director sitúa su quinta historia, y la que aglutina al resto.

En la superficie, todo parece tener la suficiente entidad como para que el espectador descubra y valore, reflexione y vibre. Pero, como le ocurría a la iraquí La decisión, la exposición de cada una de las historias es muy desigual, cojitranca en lo narrativo y esquemática en las motivaciones de los personajes. Sin que la intimidad individual de los personajes pueda valorarse de un modo íntegro como relato colectivo. La tesis de Ayouch parece clara: la supresión de la diversidad conduce a la frustración y a la violencia. Pero el modo de exponerlo, pese a su interés, queda esta vez lejos de la magnitud de Los caballos de dios.

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