Hostigamiento y abuso sexual, así viven las recolectoras de fresa en España – mundo

Origen: Hostigamiento y abuso sexual, así viven las recolectoras de fresa en España – mundo

Lau AlmarazMARTES, 23 DE JULIO DE 2019 15:42

Su sexualidad se convierte en su única forma para sobrevivir; las relaciones de poder provocan que sea difícil denunciar el abuso.

Todo se debió a un acuerdo bilateral firmado hace 18 años entre España y Marruecos. En aquel 2001, según relata esta investigación realizada por Aida Alami, del New York Times, se acordó que mujeres de origen marroquí trabajarían como recolectoras de fresa, en España, de abril a junio. El acuerdo especifica que estas mujeres deben provenir del campo y, además, deben ser madres, para que tengan un motivo para regresar a casa y no quedarse de fijas en España.

El problema llegó cuando a estas mujeres, no sólo se les prometían jugosos pagos por su trabajo, sino cuando comenzaron a cometerse en su contra abusos sexuales, hostigamientos, amenazas, violaciones, trata de personas y otros abusos laborales. De a poco, su sexualidad se convirtió también en la única manera que tienen para sobrevivir.

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“Desearía haberme ahogado en el mar antes de llegar a España”

Pensando que ganarían lo suficiente para regresar a casa con algunos euros para vivir mejor, diez mujeres dejaron Marruecos para trabajar como recolectoras en España, específicamente en Almonte. Todas ellas han sufrido abusos, hostigamientos, amenazas y violaciones sexuales. De manera anónima quieren hacer pública su denuncia porque, de saberse sus nombres, sus esposos podrían solicitarles el divorcio y quitarles a sus hijos. La vergüenza de ser abusadas sexualmente, ellos no la soportarían. Sí, ellos.

El caso de una de ellas, L.H., comenzó cuando su jefe, apenas llegada a Almonte, comenzó a hostigarla sexualmente. La presionó para tener sexo a cambio de una mejor vida y también, mejores condiciones de trabajo. Al negarse, el infierno también comenzó para ella, pues las obligaciones laborales eran mayores y más duras. “Me sentía como esclava, como un animal. Nos trajeron para explotarnos y después enviarnos de regreso. Desearía haberme ahogado en el mar antes de llegar a España”, dijo la marroquí, quien además, tiene que soportar el juicio de sus familiares al saberse abusada sexualmente.

Los abortos se practicaban en muchas ocasiones. El abuso laboral también era una práctica común. Trabajar largas jornadas sólo para ganar la simpatía del jefe y evitar ser castigadas, ser explotadas para ganar un poco de comida, sin paga, era ya un plus para muchas de ellas. Denunciar era imposible porque, de hacerlo, serían regresadas sin paga alguna a Marruecos.

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¿Y las autoridades?

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Las denuncias llevan ya un año de realizadas. Las mujeres alzaron la voz y denunciaron, fueron apoyadas por activistas e instituciones no gubernamentales que fomentan la protección a los derechos humanos. Diversos académicos, incluso, pensando que tenían la voz autorizada para quejarse por las condiciones de trabajo para las recolectoras de fresa en estas granjas aisladas, protestaron con ellas.

Sin embargo, tanto las autoridades de España como las de Marruecos, han hecho caso omiso a las voces que denuncian las violaciones. Una de las situaciones por las que estas mujeres temen denunciar los abusos, es porque en 2018, cien de ellas decidieron hacerlo a un grupo de abogados. Ellos les pidieron que se enlistaran en un papel y días más tarde, las cien mujeres que lo hicieron, fueron devueltas a Marruecos en autobuses poco higiénicos. Nueve de ellas lograron escapar. Esas nueve, más L.H., son quienes continúan peleando por un trato digno para las recolectoras en España.

Aunque en 2014 se sentenció a tres hombres por “ofensa en contra de la integridad moral y de hostigamiento sexual”, el gobierno español no ha actuado ni dado seguimiento a estos casos, algo que también está pasando con el ministro marroquí de Trabajo. Poco ha cambiado para estas recolectoras del llamado ‘oro rojo’ en España. Los abusos siguen y parece que aunque ellas encuentren cómo alzar la voz, siempre encuentran una manera de silenciarlas.

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Fotos de portada e interior de la nota: María Contreras Coll para The New York Times.

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