Halloween, la gran fiesta encubierta del desperdicio alimentario

Origen: Halloween, la gran fiesta encubierta del desperdicio alimentario

Halloween, la gran fiesta encubierta del desperdicio alimentario


 

Más de 17.500 calabazas tuvieron que ser rescatadas en 2018 para que no acabaran en el vertedero

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Halloween, la gran fiesta encubierta del desperdicio alimentario
“Pumpkins at sunrise” (Andrew Newey)
MARC CASANOVAS

No hay truco ni trato que valga ante la aberración alimentaria que tiene lugar durante la celebración de Halloween. Los estadounidenses son capaces de comer cualquier cosa con sabor a calabaza, excepto la propia calabaza. Pasteles, cremas, cafés, repostería, yogurt e incluso comida para perro con sabor a calabaza, pero ni rastro de la verdura anaranjada entre los diez productos más consumidos. Es la conclusión del último estudio de Nielsen: las calabazas caricaturizadas sirven para asustar a los espíritus malignos y dar la bienvenida a los niños disfrazados, pero luego acaban en la basura y no en la cazuela.

Así lo ratifica el Departamento de Energía de EEUU, que cada año envía el mismo recordatorio sin éxito alguno: “Las calabazas se tiran a los vertederos. A partir de ahí, se descomponen y se convierten en metano, un gas nocivo de efecto invernadero que juega un papel esencial en el calentamiento global, ya que es 20 veces más nocivo que el dióxido de carbono”. Es decir, gran parte de los mil millones de libras de calabazas cosechadas en 2018 se juntan a los 250 millones de toneladas de basura generada en Estados Unidos. Cifras descomunales que los científicos no logran utilizar a su favor para que, de una vez por todas, se conviertan una fuente inagotable de energía renovable más allá de la temporada de Halloween.

Cuando las calabazas se descomponen se convierten en metano,un gas nocivo de efecto invernadero con un papel importante en el calentamiento global

Parece una broma de mal gusto, pero a estas alturas aún es necesario concienciar a los ciudadanos para que entiendan que la calabaza es algo más que un objeto decorativo. No es casualidad que durante el mes de octubre la tierra de los cinco principales estados productores de calabaza se tiña de color naranja chillón. Aproximadamente 280 mil metros cuadrados de terreno se dedican al cultivo de calabazas para que nadie se quede sin su calabaza para la Víspera de los Difuntos.

Cuando el negocio de calabazas dio paso a una industria multimillonaria, los granjeros estadounidenses aprovecharon su oportunidad y apostaron por variedades de calabaza de grandes dimensiones. Fue en 1960 cuando el agricultor John Howden desarrolló la calabaza ideal de piel gruesa, con costillas poco profundas para que fuera más sencillo tallar formas sin esfuerzo e interior más carnoso. Aún a día de hoy sigue siendo la más popular y lleva el apellido del granjero de Massachussets en su honor. Sin embargo, todo lo bueno de la calabaza Howden a nivel festivo es proporcionalmente negativo a nivel culinario. Son calabazas poco apetecibles para el paladar con una textura acuosa y demasiado fibrosa. Lo contrario que variedades más sabrosas como la Sugar Pie, Kabocha o Carnaval, que están empezando a disfrutar de un tímido renacimiento en mercados de proximidad de todo el país.

Entonces, ¿se puede cambiar la mentalidad de la gente para que Halloween también sea una fiesta gastronómica? Tessa Tricks, creadora de la campaña #PumpkinRescue (Rescate de calabazas) asegura que “es muy fácil para la gente olvidar que las calabazas de Halloween siguen siendo comida. Es como si nadie quisiera comer calabaza una vez se ha agujereado por todas partes con una vela encendida en el interior durante días. No somos conscientes que si la usamos solo para tallar, estamos contribuyendo al desperdicio de alimentos”. Y como británica pone una cifra escalofriante sobre la mesa. “En Reino Unido15 millones de calabazas se tallan y no se comen en Halloween. Esa cantidad sería suficiente para cocinar un tazón de sopa de calabaza para todos los británicos”.

Pumpkin Rescue es una campaña de comunicación creativa que utiliza la enorme cantidad de calabazas de Halloween como gancho para abordar el desperdicio de alimentos. El objetivo es divulgar un mensaje positivo, algo así como una celebración de la comida ayudando a las personas a adquirir nuevas habilidades creativas en la cocina. Esto ha llevado al rescate de más de 17,500 calabazas para que no acabaran en el vertedero en 2018.

En Reino Unido15 millones de calabazas se tallan y no se comen en Halloween. Esa cantidad sería suficiente para cocinar un tazón de sopa de calabaza para todos los británicos”

Lo cierto es que muchas personas no están familiarizadas con el sabor de la calabaza. “Más de la mitad de las personas no sabrían cómo cocinar una calabaza después de Halloween”, dice Tricks. No ayuda que algunas calabazas estén etiquetadas como “carving pumpkins” (calabazas para tallar), lo que desalienta a algunas personas a comerlas. “No dejes que la etiqueta te lleve al engaño, estas calabazas son perfectamente comestibles. Son baratas y puede convertirse en un ingrediente muy versátil que combina con muchos sabores: chile, jengibre, miel, naranja, salvia, comino, cilantro, etcétera. Y puede reemplazar al boniato en muchas recetas”.

Precisamente, recetas con calabaza no le faltan a Iolanda Bustos. En el restaurante Caléndula, que celebra diez años, la reconocida chef de las flores y las plantas sirve un menú degustación con la calabaza como elemento omnipresente, ya que está presente en cada mesa a modo de recordatorio de la estación del año: “La calabaza es de las verduras que más utilizo durante todo el año. Como más me gusta es escalivada porque concentra mucho más el sabor. Si se hace hervida su sabor queda mucho más difuminado”, dice Bustos, que tiene muy claro qué variedad es recomendable si lo que queremos es comernos la calabaza después de Halloween. “La potimarrón es perfecta al horno. La idea es que quede bien negra por el exterior. Tal y como se haría con un boniato. Después con una cuchara se extrae la carne para hacer una crema o un timbal con algún queso. Incluso para panallets queda genial”.

Además, insiste en la idea de que la calabaza no es exclusiva de otoño. “La gente desconoce la calabaza de verano. Es tan versátil que permite almacenarla fermentada con un poco de jengibre. Queda genial como ingrediente con mucho color para una ensalada. He heredado de mi madre este fervor por la calabaza. Como más grandes eran, más le gustaban”, dice Bustos.

Precisamente el tamaño parece ser la característica prioritaria para elegir la calabaza que adorna el porche de las casas durante la festividad de Halloween en Estados Unidos. Si tenemos en cuenta que la población actual del país es de 328 millones y tocan 5.6 libras de calabaza por persona, no hace falta ser muy avispado para observar que podría ser una fuente inagotable de energía limpia y renovable si se compostara adecuadamente. Es la única manera que Halloween no sea definitivamente la noche donde el desperdicio alimentario es la peor de las pesadillas.

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