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Origen: La mayor amenaza para el progreso es la desigualdad | Planeta Futuro | EL PAÍS

La mayor amenaza para el progreso es la desigualdad

Coincidiendo con el Foro de Davos, se publican dos informes sobre el estado del mundo. Uno, de la ONU, advierte que las brechas socioeconómicas crecientes ponen en riesgo la estabilidad política y el progreso global. Y otro, de Oxfam Intermón, destaca que las mujeres se llevan la peor parte

China ha crecido económicamente en las últimas décadas, pero mucha población no se ha beneficiado de ese progreso. En la imagen, un anciano en la aldea Nongma, en el suroeste del país.
China ha crecido económicamente en las últimas décadas, pero mucha población no se ha beneficiado de ese progreso. En la imagen, un anciano en la aldea Nongma, en el suroeste del país. STEVE HARRIS (BANCO MUNDIAL)

El 70% de la población del mundo vive en países, ricos y pobres, en los que la desigualdad ha aumentado en las últimas tres décadas. El progreso económico, las nuevas tecnologías, el cambio climático, la creciente urbanización y las migraciones tienen un impacto en la lucha contra este problema. Y hasta ahora el efecto ha sido negativo o infructuoso, indica el informe La Situación Social en el Mundo 2020, publicado este martes por el departamento de asuntos económicos y sociales de la ONU (UNDESA, por sus siglas en inglés). De tal modo, el crecimiento del PIB no se ha traducido en mayores niveles de equidad —China es el ejemplo paradigmático—, se han abierto nuevas brechas digitales y el calentamiento global está golpeando con más fuerza a quienes ya son muy vulnerables.

“Estas tendencias globales pueden ser la solución para reducir la desigualdad o separarnos más”, afirmó Elliot Harris, asistente del secretario general de la ONU para el desarrollo económico, durante la presentación del documento en Nueva York, que se retransmitió en directo en la web del organismo. De momento, sucede lo segundo.

Un ejemplo claro se observa en las nuevas tecnologías que pueden servir para mejorar la salud, la educación y la alimentación en el planeta. Incluso crear nuevos empleos. Pero hay quienes se verán perjudicados; si no están preparados para manejarlas perderán su trabajo o serán directamente sustituidos por máquinas. No todo el mundo, además, tiene igual acceso a las innovaciones. El 87% de los habitantes de países desarrollados tiene conexión a Internet, frente al 19% de quienes viven en países en desarrollo, destacan los autores.  “Esto es sintomático de lo que llamamos la brecha digital”, apuntó el Harris.

Como en el caso de las tecnologías, el cambio climático, las migraciones o la urbanización pueden convertirse en una oportunidad o una traba. “Depende de cómo lo gestionen los países”, planteó el experto de la ONU. Para que estas cuestiones contribuyan a reducir brechas en vez de incrementarlas es imprescindible que se tomen medidas políticas en esa dirección, indica por teléfono Marta Roig, responsable de tendencias y asuntos globales en UNDESA. Es necesario y urgente que así sea, se ha afanado en advertir la ONU en este y anteriores documentos: la desigualdad lastra el progreso del mundo hacia la consecución de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), amenaza con revertir algunos de los avances ya realizados —es el caso de la lucha contra el hambre— y está detrás de un descontento popular que ya ha desencadenado grandes protestas en algunos países.

El 87% de los habitantes de países desarrollados tiene conexión a Internet, frente al 19% de quienes viven en países en desarrollo

“No tenemos que ser fatalistas. Hay opciones”, tranquiliza Roig. La desigualdad ha aumentado en la mayoría de países, pero hay excepciones, sobre todo en América Latina —Argentina, México y Brasil han conseguido reducir sus niveles de inequidad desde 1990—, que demuestran que esta tendencia “no es inexorable”, agrega la especialista.

Las opciones son, casi siempre, políticas. “Tratamos de dar consejos a los Gobiernos que se han comprometido y puesto de acuerdo para lograr los Objetivos de Desarrollo Sostenible”. Pero en muchos casos, reconoce Roig, hacen oídos sordos y las políticas nacionales son contraproducentes a los compromisos adquiridos. “No dejar a nadie atrás es un principio básico de la Agenda 2030 y no se está cumpliendo en absoluto. En los países desarrollados, los impuestos son menos progresivos que hace 30 años. De hecho, los niveles impositivos a las rentas más altas son menores que entonces”.

Resultado: los ricos son más ricos. El 1% más afortunado de la población posee más del doble de riqueza que 6.900 millones de personas, según datos del estudio Tiempo para el cuidado, recién publicado por Oxfam Intermón.

“Las desigualdades económicas crean desigualdades políticas”, analiza Roig. Así, las corporaciones y las élites económicas tienen además más poder para influenciar en las políticas públicas. “La mayoría de la gente tiene menos voz que una minoría. Ve que no se toman medidas en su favor y por tanto crece la desconfianza en las instituciones. Así es como comienzan las protestas”, desgrana los resultados del informe la especialista de UNDESA. Esto resulta en inestabilidad política y aumento del descontento popular. “Los países tendrán que dar respuesta a ese descontento”, agrega la experta.

“Tanto en el norte como en el sur, han surgido protestas masivas, alimentadas por una combinación de problemas económicos, crecientes desigualdades e inseguridad laboral. Las disparidades de ingresos y la falta de oportunidades están creando un círculo vicioso de desigualdad, frustración y descontento entre generaciones”, resumía Antonio Guterres en un comunicado al hilo del lanzamiento del informe esta semana.

Entre las propuestas de UNDESA para reducir la desigualdad, como se recoge en el número 10 de los 17 ODS, destaca la de “tomar medidas monetarias y fiscales” que no solo permitan una mejor distribución de los ingresos, sino que además “movilicen recursos para financiar políticas sociales”. Oxfam Intermón lo dice más claro: las grandes fortunas tienen que contribuir más. Según sus cálculos, un incremento del 0,5% en el tipo del impuesto que grava la riqueza del 1% más pudiente de la población del mundo durante los próximos 10 años, permitiría crear 117 millones de puestos de trabajo de cuidados en sectores como la educación, la salud, el cuidado infantil y la asistencia de personas mayores.

Las mujeres, las paganas

Las niñas y mujeres realizan más de tres cuartas partes del trabajo de cuidados no remunerado, denuncia el informe 'Tiempo para el cuidado' de Oxfam Intermón.
Las niñas y mujeres realizan más de tres cuartas partes del trabajo de cuidados no remunerado, denuncia el informe ‘Tiempo para el cuidado’ de Oxfam Intermón. PABLO TOSCO (OI)

“Las oportunidades de los niños todavía dependen de quiénes son sus padres, dónde viven y qué tienen”, denuncia Roig. Pero si son del sexo femenino lo tendrán peor. Es la conclusión del estudio de Oxfam Intermón citado, publicado esta semana con motivo de la celebración de la Cumbre de Davos, en la que se citan las élites política y económica del mundo.

Las niñas y mujeres dedican 12.500 millones de horas diarias a trabajos de cuidado no remunerados. “Es una injusticia”, afirma Alex Prats, responsable de desigualdad de la organización. Sobre ellas recae desproporcionadamente la responsabilidad de llevar a cabo las tareas de crianza de los niños, las domésticas, así como la atención de las personas mayores o con discapacidad. Su tiempo y labor supone una contribución a la economía mundial de al menos 10,8 billones de dólares anuales, estima la ONG.

Los 22 varones más ricos del mundo poseen tanta riqueza como todas las mujeres de África

Las mujeres son las paganas de un sistema económico global que sin ellas no sería sostenible y del que se benefician, sobre todo, los hombres, afirma. El 42% de la población femenina del planeta no puede acceder a un empleo remunerado porque son las responsables del trabajo de cuidados, en comparación con tan solo el 6% de los hombres, subraya la organización. De niñas, millones son forzadas a abandonar su formación para atender las tareas domésticas. Otro dato: los 22 varones más ricos del mundo poseen tanta riqueza como todas las mujeres de África.

“Reclamamos la necesidad de poner el cuidado, la vida y el planeta en el centro”, apunta Prats. Eso a nivel global. Al Gobierno español, le piden “algo más que medidas de conciliación”.  Esto es, según recoge el documento de la ONG, “medidas que supongan corresponsabilidad entre el Estado, las empresas y las familias para repartir de forma justa y equitativa el trabajo de cuidados no remunerado”. Además, sugiere incluir en las políticas sociales una renta mínima garantizada que acabe con la pobreza que afecta más a las mujeres y que las grandes empresas paguen un 15% de tipo efectivo.

De la política exterior, la ONG espera que sea feminista y “contribuya al reparto equitativo del trabajo de cuidados y a los derechos laborales de las mujeres de todo el mundo”. De momento, “la música suena bien”, opina Prats sobre los planes expresados por el Gobierno sobre estos asuntos. “Pero que no quede en papel mojado”.

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