Justicia poética para Corea en los Oscars

Origen: Justicia poética para Corea en los Oscars

Justicia poética para Corea en los Oscars

Desde el 2001, el cine coreano acapara el 50% de su mercado interno: en España llega al 15%

Justicia poética para Corea en los Oscars
Con máscara Varios ciudadanos surcoreanos observando a su compatriota Bong Joon Ho en un programa informativo de los premios, la madrugada de ayer en Seúl. Algunos de ellos llevan una mascarilla protectora (Ahn Young-joon / AP)

 

El apoteósico triunfo en los Oscars de Parásitos , de Bong Joon Ho , es histórico en muchos sentidos. No sólo se trata de la primera película no hablada en inglés que se erige en Mejor Película en los 92 años de historia de estos galardones (la francesa The Artist era muda), sino que Parásitos también se impuso, de entrada, como el primer filme con esta denominación de origen que se colaba en las nominaciones.

Hasta 30 películas surcoreanas habían opositado, desde 1962, al entonces llamado Oscar a la Mejor Película de Habla no Inglesa, pero ninguna había llegado a ser nominada. Sólo Burning, de Lee Chang Dong, para más inri exministro de Cultura de su país, había logrado figurar entre las nueve preseleccionadas del 2018, que no entre las cinco nominadas. Era algo que no se entendía.

Como admite José Tito –cofundador de La Aventura Audiovisual, que distribuye la película en España–, “el triunfo de Parásitos en los Oscars también es un caso de justicia poética para el cine coreano”.

Los 160 millones de dólares recaudados por la película anulan la ya famosa “barrera de los subtítulos”

La industria del cine surcoreano es una de las más potentes del mundo. Desde el 2001, domina su mercado interno con más de un 50% de producción local llenando sus cines, un porcentaje enorme, sobre todo si se compara, considerando cifras del 2019, con el 15% de la cuota de pantalla del cine español en nuestro país, o el 35% alcanzado por el cine francés en nuestro muy chauvinista vecino.

Con esta muy envidiable solidez de base, la industria coreana se ha permitido bombardear los mercados internacionales, desde hace al menos dos décadas, con el más exquisito cine de autor y el más efectivo cine de género: desde directores como el prolífico, pero siempre confidencial, Hong Sang Soo, que firma dramas autobiográficos empapados en soju sistemáticamente encumbrados por la crítica más exigente, a los extraños thrillers de Na Hong Jin, pasando por cintas de terror zombi como Tren a Busan, de la que ya hay secuela y posible remake americano en marcha. Desde sus inicios, cuando ya empezaba a despuntar con el thriller irresoluto Memories of Murder (2003) o la entrañable monster movie familiar The Host (2006) –ambas ya protagonizadas por Song Kang Ho, el padre bonachón de Parásitos–, Bong ha sabido meterse en el bolsillo a la crítica, sin abandonar a su público, convirtiéndose finalmente, gracias a Parásitos, en el mejor embajador del cine coreano.

La lista de directores que han convertido Corea en un paisaje familiar, cada vez menos exótico, es larga, algunos como Kim Ki Duk o Park Chan Wook, otrora tan aplaudidos, empiezan a estar pasados de moda. Pero Bong Joon Ho, con un ritmo de producción pausado –siete largos desde el año 2000– ha sabido mantenerse, logrando su película más popular con esta comedia negra que narra vampirización de una familia burguesa por un simpático clan de pícaros advenedizos. Una película que habla de desigualdad, un tema cada vez más universal, y lo hace con gracia, saltando del humor (negro) a las escenas de acción (sangrienta), en una constante montaña rusa de emociones, que no puede dejar indiferente a nadie, empezando por el jurado del pasado Festival de Cannes, que la convirtió en la primera Palma de Oro coreana de la historia. Ahí empezó su marcha triunfal.

Lo más importante, sin embargo, es que los 30 millones de dólares recaudados por Parásitos en Estados Unidos (160 en todo el mundo) certifican la ruptura de la ya famosa “barrera de los subtítulos”, esa ridícula aversión a la letra pequeña que impedía que el público no estrictamente cinéfilo se acercara a descubrir el cine del mundo.

Una pena que las no menos destacables cifras de su taquilla española –2,8 millones de euros, y casi medio millón de espectadores– no hayan podido conseguirse en versión original, sino sometiendo la película al inefable doblaje. Pero ya se sabe que cada vez hay menos salas en VO.

El círculo de la cinefilia se va reduciendo.


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