«Leonard Cohen era el poeta del Apocalipsis»

El traductor, escritor y poeta Alberto Manzano nos habla del cantante canadiense, su amigo, sobre el que tiene una obra ingente

Alberto Manzano y Leonard Cohen – Archivo personal de A. Manzano

Álvaro Alonso

El traductor, escritor y poeta Alberto Manzano, autor de una obra ingente sobre su colega y amigo Leonard Cohen, se levanta a las seis de la mañana para, a pesar del confinamiento, continuar con sus trabajos. Interrumpe su rutina para hablarnos de Leonard Cohen, de quien es un referente a nivel internacional.

¿Cuál fue tu relación con Leonard en esta última etapa de su vida?

Nos comunicábamos por email. Leonard solía enviarme poemas y dibujos. Yo le consultaba dudas que había tenido en la traducción de las canciones de sus discos, Old Ideas, Popular Problems. Pero sus amigos ya sabíamos que estaba mal, en la última recta de su vida. Me decía que estaba inmovilizado en la cama, con terribles dolores en la espalda. La última vez que recibí un email suyo fue en respuesta a mi felicitación por su cumpleaños, en septiembre de 2016. Me dio las gracias por todo el trabajo que había hecho en su nombre. Pero no era la primera vez que me daba las gracias, así que no me sorprendió. En realidad, era su despedida. Unos días después, cuando Sony me encargó la traducción de las canciones de You Want It Darker, le escribí para consultarle mis dudas, pero ya no hubo respuesta. Me extrañó porque Leonard solía contestarme enseguida. Le pregunté si estaba bien, pero tampoco hubo respuesta. Empecé a preocuparme y volví a preguntarle si se encontraba bien. Nada. La última vez que le pregunté por su salud fue el domingo 6 de noviembre. Al día siguiente, falleció.

Sony también te encargó realizar la traducción de las letras de su último trabajo. ¿Qué mensajes encontramos en ellas?

Thanks For The Dance recoge una selección de textos de sus dos últimos poemarios, Libro del anhelo y La llama. Me gustó volver a oír su voz. Pero había un poema inédito, «It’s Torn», que recuperaba su tono alarmista. Nada extraño. Leonard era el poeta del Apocalipsis, de la Rotura, hacía tiempo que nos lo advertía, y hoy lo estamos sufriendo en nuestras propias carnes. Este es, de nuevo, y quizá para siempre, El Futuro. Pero hay unas líneas de ese poema que me gustaría leerte: «Te quitas las sandalias, te sueltas el pelo / Está roto donde bailas, está roto en todas partes / Está roto a la derecha y está roto a la izquierda / Está roto en el centro, lo cual pocos pueden aceptar. // Está roto donde hay belleza, está roto donde hay muerte / Ven a recoger los trozos esparcidos y perdidos / La mentira en lo sagrado, la luz en lo que no es».«La verdad de Cohen era la esencia de un trabajo de miles de horas de destilación»

En su concierto en el Paris Theater de 20 de marzo de 1968 Leonard canta: «There´s No Reason Why You Should Remember Me?». ¿Por qué razones seguimos en 2020 (y seguiremos) recordando a Cohen?

Yo he intentado olvidarlo, pero no puedo. No se puede olvidar a quien has amado, que ha sido tan importante para ti. Creo que no soy el único en tener este sentimiento. Leonard nos ha acompañado durante mucho tiempo. Ha sido un compañero de viaje para millones de personas. Pero en su último disco hay otro poema que dice: «Escucha al colibrí / Cuyas alas no ves / Escucha al colibrí / No a mí. // Escucha a la mariposa / Cuyos días son tres / Escucha a la mariposa / No a mí. // Escucha la voz de Dios / Que no necesita ser / Escucha la voz de Dios / No a mí». De modo que yo he intentado olvidarlo, pero no puedo.

¿Hay algún recuerdo de Cohen que te persiga con frecuencia?

Leonard está vivo en mí. Es una presencia constante en mi vida. Hace años que no sé nada de él, pero está tan vivo como siempre. Me sigue hablando. Y, claro, tengo muchos recuerdos. Siempre me ha cuidado mucho.

¿Qué rasgos crees que hacen a Cohen especial?

Bueno, creo que son muy pocos los cantantes que te dicen la verdad. En Leonard eso le hacía diferente al resto. Su verdad era la esencia de un trabajo de miles de horas de destilación. La verdad como pura experiencia personal. Y pocos son los que se permiten darse tanto tiempo. Todo el mundo tiene prisa, y a Leonard le gustaba ir despacio. La verdad es lo único que sobrevive.

¿Cuál fue su relación con España, su geografía, su cultura, sus gentes?

Todos conocemos su vínculo fraternal con Lorca, su devoción al flamenco. En el discurso que dio cuando le concedieron el Premio Príncipe de Asturias, lo dejó muy claro. Todo lo que hayamos encontrado de excelente en su trabajo, se lo debe a esta tierra, a Lorca, al flamenco. Recuerdo que cuando fui a visitarle en su casa de Hidra en 1980, le llevé unos regalos. Unas barras de turrón -era Navidad-, y un par de discos. Uno de ellos era de Paco de Lucía interpretando canciones de Lorca. Lo puso en su pequeño tocadiscos monaural, lo escuchamos atentamente, y al cabo de un par de canciones, me preguntó: «Pero ¿dónde está el cantante?». Le respondí que eran composiciones musicales de Lorca, que no había ningún cantante. Se quedó muy sorprendido. No sabía que Lorca componía música. Entonces, levantó su copa de vino y dijo «¡Bravo, Lorca!». El otro disco que le llevé era de Lole y Manuel. Me dijo que no sentía la experiencia. Que eran demasiado jóvenes. Quince años después, llegó Morente y su Omega. Leonard fue el hombre más feliz del mundo con ese disco.

¿Qué dificultad mayor encontraste al trabajar en tantas publicaciones sobre la obra de Cohen?

Siempre ha sido un absoluto placer trabajar en la obra de Cohen. Ningún problema. Nadie me ha hablado nunca tan claro. Todo ha sido fascinación. Sus páginas siempre han calentado mi costado.


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