La tierra, para quien la trabaja: ¡Ya está aquí la Mostra de Films de Dones!

Marta Rodríguez, pionera del cine documental antropológico, es la invitada de honor de la nueva edición del festival. Recuperamos algunos de sus largometrajes más significativos.

Queralt Castillo Cerezuela
10 junio, 2020 , 4 minutos de lectura

La Mostra de Films de Dones celebra este año su 28ª edición en medio de la crisis causada por la COVID-19. Como muchos otros festivales e iniciativas culturales, ha tenido que adaptarse a las circunstancias, y este año se ha aliado con Filmin para poder ofrecer todos los documentales online, disponibles hasta el 14 de junio. Como en cada edición, la curación de los trabajos seleccionados resulta exquisita, adecuada y necesaria para estos tiempos que vivimos, llenos de incertidumbre, dudas y, por qué no, intolerancia arrojadiza. Películas dirigidas por mujeres que abordan diferentes temáticas y que resultan más necesarias que nunca. Porque la tolerancia, el respeto y la reflexión no deberían ser una opción. Además del visionado, el festival de cine se complementa con una serie de charlas y coloquios que pueden seguirse online.

La Mostra de este año tiene, además, una invitada muy especial. Se trata de la documentalista Marta Rodríguezpionera en el documental antropológico y una de las primeras en documentar la lucha por los derechos a la tierra del movimiento obrero-campesino en América Latina, concretamente en su Colombia natal. En Climática nos hemos centrado en sus documentales más significativos, porque es una figura necesaria, y porque es importante conocer su trabajo.

¡Campesino colombiano, qué bonitas tierras tienes, lástima que sean del amo!

En Campesinos, una de las películas que se pueden ver este año en el festival, Rodríguez documenta el paso de la sumisión a la organización. Testimonios que vuelven a las raíces de su cultura para enfrentarse a terratenientes y latifundistas para una redistribución de la tierra justa, porque “la tierra es para el que la trabaja”. El documental busca traernos un análisis retrospectivo e histórico para mostrar las relaciones de sujeción, explotación y servidumbre a la que es sometido el campesino dentro de la gran hacienda cafetera de 1930.

Rodríguez consigue transmitir las vicisitudes y dificultades de la lucha de los obreros indígenas a través de testimonios potentes y una voz en off que conduce al espectador a lo largo del documental, ambientado en la década de los años 30, fecha en la que, después de la crisis del 29, muchos campesinos que se habían ido a trabajar a las ciudades y que habían estado en contacto con el proletariado urbano, volvieron a las haciendas y organizaron la lucha contra el patrón. Se negaron a aceptar la servidumbre del latifundio y organizaron ligas campesinas y sindicatos agrarios.

Fotograma de Campesinos, de Marta Rodríguez

“La memoria del pueblo es la historia del pueblo, y hay que recuperarla críticamente de la amnesia colectiva, impuesta por quienes detentan el poder como forma de adormecer las consciencias, porque para ellos, la memoria del pueblo, es subversiva”.

Rodada en 16 mm, Rodríguez, junto a Jorge Silva, director de fotografía y su pareja, se introducen en el mundo de las haciendas cafetaleras, estados dentro de estados, con sus propias normas e injusticias, en las que el terrateniente ejerce el poder administrativo, judicial y legislativo con el beneplácito de unos sacerdotes cómplices que, sin pudor, usan la religión para domesticar al campesinado, convenciéndoles de que la riqueza del campesinado está en la Gloria.

Detrás de cada flor hay una muerte

Otro trabajo representativo de la filosofía documental de Rodríguez es Amor, mujeres y flores, que aborda el lado más perverso de ese mundo utópico y poético que suele envolver a las flores, siempre bellas. Y mortales. El degoteo de testimonios que han perdido la salud, literalmente, en el negocio de la floricultura y la horticultura en los invernaderos de flores de Colombia apabulla. Claveles, rosas y crisantemos para exportar a Estados Unidos que durante la década de los ochenta causaron abortos, malformaciones en fetos, problemas cardiorespiratorios, epilepsia, vértigos leucemias y envejecimiento y muerte prematura a causa del uso de productos nocivos. Bayern estaba detrás, y como suele ocurrir, la tragedia llevaba nombres de mujeres detrás Y sí, de baja extracción social.

“La flor sigue linda y la mujer se marchita”.

Fragmento de Amor, mujeres y flores, de Marta Rodríguez.

Es esta, también una historia de lucha entre patrones y trabajadoras, de salarios y condiciones de trabajo infrahumanas, de abuso, chantajes, despidos por parte de la Bogota Flower Ltda, quien llevó al ejército colombiano (que acarreaba fusiles y gases) para echar a las trabajadoras que, tras 55 días de paro, habían conseguido tomar la empresa. “Flores, alegría, mundo de color, ternura, poesía, belleza, amor… se iba a hacer un homenaje a la industria de la floricultura, pero nos encontramos con que el drama de los pesticidas y la explotación de la mano de obra femenina era aberrante”, aseguró Rodríguez.

En su trayectoria como documentalista, Marta Rodríguez también abordó los desastres naturales, como la subida del río Gualí a causa de la erupción del volcán Nevado del Ruiz en noviembre de 1985. Nacer de Nuevo es un documental corto, de tono intimista, sin voz en off y narrado en primera persona; de una delicadeza extraordinaria; una historia simple en las que suele sobrar el contexto. Y una frase que resuena cuando empiezan a aparecer los créditos: “Uno tiene que tener valor hasta para morirse”. También se puede ver estos días en Filmin.

Tráiler de Chircales, de Marta Rodríguez y Jorge Silva.

Finalmente, en la Mostra se puede disfrutar de Chircales, que da buena muestra de las condiciones de trabajo de los obreros alfareros que faenaban a las afueras de Bogotá, en la industria del ladrillo. Trabajo infantil, intoxicaciones causadas por los hornos que fueron silenciadas, alcoholismo, paros forzados, servilismo al patrón y explotación son los protagonistas de este documental; duro y recio, áspero y quizás una de las mejores muestras del trabajo cinematográfico de Rodríguez.

“El obrero, desalojado por la miseria y la violencia política, traslada su estatus de siervo bajo un amo del latifundio agrario al latifundio urbano”.


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