Mario Cabré y Ava Gardner: La leyenda de Pandora

Tuvieron un breve idilio en 1950 durante el rodaje de una película en la Costa Brava. El torero escribía apasionados versos a la actriz estadounidense, que consideró la relación como una aventura pasajera

Pedro García Cuartango

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Hoy pocos se acuerdan de Mario Cabré, torero, galán, actor, poeta y presentador de televisión. Pero Cabré pasó a ser una leyenda del cine en los años 50 no por sus cualidades interpretativas sino por el breve affaire amoroso que mantuvo con Ava Gardner durante el rodaje de «Pandora y el holandés errante» en la Costa Brava.

La película, distribuida por la Metro en Estados Unidos, fue un gran éxito de taquilla, ya que recaudó más de un millón y medio de dólares. Contaba con un reparto de lujo en el que figuraban la actriz de Carolina del Norte, James Mason y otras estrellas de la época bajo la dirección de Albert Lewin. Cabré hacía el papel de un torero llamado Montalvo, fascinado por la belleza de Pandora, interpretada por Ava Gardner. La historia es relatada por un testigo que evoca el mito del holandés errante.

Buena parte de las escenas fueron filmadas en Tossa del Mar, localidad en la que se erigió una estatua de la actriz junto a la playa. Allí comenzó el breve idilio que apenas duró unos pocos días y que trascendió entre el personal del rodaje. Ava había sido la mujer de Mickey Rooney, había mantenido una corta relación con el millonario Howard Hughes y estaba comprometida con Frank Sinatra.

Enterado de la aventura amorosa de su novia, el cantante montó en cólera y decidió viajar a la Costa Brava para conocer de primera mano si era cierto lo que le decían y había publicado la prensa. «Me voy a ese maldito país de toreros», dijo a sus amigos. Y así lo hizo. Viajó con un collar de esmeraldas, valorado en 10.000 dólares, para su prometida, que ya había cortado la relación con Cabré. Un año después ambos contraerían matrimonio. Fue entonces cuando Sinatra afirmó que su mujer era «el animal más bello del mundo».

Hay quien sostenía en aquel momento que lo de Cabré y Ava fue un escarceo sin consecuencias. Y no faltó quien aseguró que todo era un montaje del propio Cabré para adquirir notoriedad. Pero las declaraciones del torero y las memorias de la gran diva del cine indican que sí existió una relación amorosa que se consumó en un hotel de Gerona.

Cabré reconoció años después que se había enamorado «como un ceporro» de Ava, a la que enviaba apasionados versos. «Ha brotado el amor que siento mío», escribió. Según su versión, fue un romance corto pero muy intenso. Sus sentimientos no coincidían con los de Ava Gardner, que afirmó en sus memorias que fue una conquista pasajera y que pronto se arrepintió de haberse acostado con Cabré porque era muy aburrido y la abrumaba con poesías. Él tenía 34 años y Ava solamente 28. Hacían «una buena pareja», según relató una ayudante de producción.

Tras el final del rodaje, que había durado los meses de abril y mayo de 1950, Ava se marchó a Londres con Frank Sinatra tras una fría despedida a Cabré, que se convirtió en un mito nacional. La leyenda generada por la relación pasó a ser mucho más importante que los hechos.

Nunca más se volvieron a ver, aunque posteriormente Ava se instaló en una urbanización de Madrid, donde se convirtió en un personaje de la noche en la capital. La actriz llegó a entablar otra relación sentimental, más profunda y duradera, con otro torero: Luis Miguel Dominguín.

Cabré, nacido en Barcelona en 1916, prosiguió su carrera como matador durante diez años más. Se retiró de los ruedos en 1960 en Palma de Mallorca. Y durante la década de los 50 participó en al menos cinco películas, una de ellas, protagonizada por Lucia Bosé, esposa de Dominguín.

Gracias a su notoriedad, fue fichado como presentador por TVE, que emitía desde los estudios de Miramar (Barcelona), en los inicios del nuevo medio. En 1964, colaboraba con José Luis Barcelona en «Reina por un día», un programa de enorme audiencia y popularidad.

Cabré, con fama de rompecorazones, quedó muy tocado de la salud tras sufrir un infarto en 1976. Moriría en 1990 en su ciudad natal sin más patrimonio que sus recuerdos. En el féretro sus amigos colocaron una montera y uno de sus libros de poemas. Su querida Ava había fallecido sólo unos meses antes y se dice que en los últimos años de su vida escuchaba las canciones de Sinatra, con el que tuvo una relación tormentosa e intermitente. Nunca llegó a envejecer.

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