No hay forma de salvar el planeta sin contar con la población indígena

Las comunidades ancestrales, afrodescendientes y migrantes protegen el 80% de la biodiversidad del mundo, pero apenas están representadas en la toma de decisiones de políticas climáticas

Un grupo de la comunidad indígena mura, en tierras sin registrar, cerca de Humaitá, en la Amazonía brasileña en 2019.
Un grupo de la comunidad indígena mura, en tierras sin registrar, cerca de Humaitá, en la Amazonía brasileña en 2019.UESLEI MARCELINO/REUTERS / REUTERS

NOOR MAHTANIMadrid – 28 MAY 2021 – 12:48 CEST

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Ellos protegen el 80% de la biodiversidad del mundo, son los más afectados por el cambio climático y, sin embargo, apenas forman parte de los grupos de decisión para combatirlo. La población indígena (más de 476 millones, presentes en 90 países), afrodescendiente y migrante son quienes, en palabras de la vicepresidenta primera de Costa Rica, Epsy Campbell, “pagan una factura de la cual no son responsables”. Una idea en la que se incidió en el seminario virtual celebrado este jueves sobre el efecto del calentamiento global en este grupo de personas, que huye del concepto vulnerable. “Somos pueblos con tradiciones ancestrales y nuestra propia organización. No somos vulnerables, pero las políticas actuales y la discriminación pone en peligro nuestra supervivencia física y cultural”, argumentaba Anne Nuorgam, presidenta del Foro Permanente de las Naciones Unidas para las Cuestiones Indígenas.

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El evento, auspiciado por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), los gobiernos de España y Costa Rica y el Vaticano, fue un llamado a cambiar el status quo para que quienes están en la primera línea de la naturaleza sean quienes decidan cómo cuidarla.

Para ello, la presidenta del Fondo de Desarrollo del pueblo Indígena en Latinoamérica y el Caribe (FILAC), Myrna Cunningham, señaló cinco claves: asegurar la tenencia de tierras, fortalecer los sistemas de gobernanza territorial, garantizar el pago de servicios ambientales, apoyar las estrategias de manejos forestales indígenas y reconocer los conocimientos y sistemas alimentarios autóctonos. “Toda discusión sobre la crisis climática requiere de la visión de los pueblos indígenas y por eso se tiene que destinar un fondo que esté gestionado directamente por nosotros”, defendía la médico y activista indígena nicaragüense.

Campbell incidió en este punto. “La mayoría de cuidadores y cuidadoras de los bosques no forman parte de los programas específicos en los que puedan recibir un beneficio directo por ese resguardo que han hecho en el pasado y continúan haciendo”, dijo a EL PAÍS horas después de la conferencia virtual. La vicepresidenta primera costarricense defiende la creación de un “programa robusto” dirigido directamente a las comunidades donde están identificados los líderes que resguardan el patrimonio, con requisitos y objetivos creados por la población indígena y las autoridades. “Deberían de ser recursos que no estén burocratizados y que se nutran tanto por la cooperación internacional, los gobiernos y las empresas que quieren contribuir a paliar el cambio climático”, añadió.Toda discusión sobre la crisis climática requiere de la visión de los pueblos indígenas y se tiene que destinar un fondo gestionado directamente por nosotrosPRESIDENTA DEL FONDO DE DESARROLLO DEL PUEBLO INDÍGENA EN LA REGIÓN

Costa Rica ha sido un país muy ambicioso con sus políticas verdes. Actualmente cuenta con un 52% de cobertura forestal (y el objetivo de llegar al 60% en 2030) y un Plan de Descarbonización con dos retos claros: fomentar los empleos verdes y combatir el calentamiento. Campbell insiste: “Pero hay que cambiar el chip de que quienes cuidan no reciben nada por ello”.

Históricamente, detrás de esa premisa siempre hay una mujer. Por eso, todos los expertos de la mesa de debate coincidían en que no se las podía dejar fuera. “En el centro de la conversación sobre el cambio climático tienen que estar las mujeres. Y en especial las rurales, indígenas, migrantes y afrodescendientes, porque son imprescindibles en la preservación, pero afrontan más obstáculos”, criticaba Campbell.

La reivindicación de las activistas presentes exigía una apuesta “real y efectiva”; una estrategia que, más allá de aspirar a la inclusión, ponga en valor las manos de quienes han cuidado la tierra y sus formas de gestión. Sin paternalismos. “No queremos que hablen por nosotras. Queremos que se nos reconozcan nuestros mecanismos de resiliencia y que se nos deje participar”, reivindicó Anne Nuorgam, del Foro Permanente de las Naciones Unidas para las Cuestiones Indígenas.Para el pueblo negro el territorio es lo que nosotros somos para el territorio. Es el principal elemento identitario y de reivindicación que tenemosRICHARD MORENO RODRÍGUEZ, COORDINADOR DEL CONSEJO NACIONAL DE PAZ AFROCOLOMBIANO

Para la líder costarricense la “única manera” de acabar con la crisis climática es elaborar una estrategia regional que englobe Latinoamérica y el Caribe: “Las fronteras políticas no están pensadas en la lógica del ecosistema; el cambio climático no entiende de estas fronteras”. Además, asegura que la cooperación entre países vecinos puede ser muy útil para aplicar las prácticas que están generando mejores resultados en otros pueblos, acelerar procesos de cambio en zonas binacionales e involucrar a empresas privadas con compromisos medioambientales.

Los ‘guardianes’ de la biodiversidad sin tierras

Richard Moreno Rodríguez, coordinador del Consejo Nacional de Paz Afrocolombiano, otro de los ponentes de la conferencia virtual que reunió a casi una veintena de expertos y políticos de la región, fue muy directo: “Para el pueblo negro el territorio es lo que nosotros somos para el territorio. Es el principal elemento identitario y de reivindicación que tenemos”. Moreno criticó la vulneración del derecho a la libre autodeterminación de los pueblos autóctonos y la negación a varias comunidades que aún no son siquiera reconocidas como tal. “No tenemos el goce efectivo de nuestras tierras por el abandono estatal y por la presencia de actores armados ilegales y de grandes megaproyectos que afectan la vida de nuestra gente”, indicaba. Este es para el doctor Qu Dongyu, director general de la FAO algo “particularmente importante de cara al futuro”: “Estos pueblos son los guardianes de la biodiversidad”.

Las comunidades negras en Colombia tienen cerca de seis millones de hectáreas tituladas colectivamente, según la institución que coordina Moreno. “Hemos iniciado un proceso de ordenación ambiental del territorio que corresponda a nuestras necesidades ancestrales pero, además, hemos fortalecido nuestros sistemas tradicionales de producción”, dijo. Para la ministra española para la Transición Ecológica, Teresa Ribera, quien intervino mediante un vídeo, ya que no pudo asistir al acto, es necesario otro enfoque: “Los saberes ancestrales de las comunidades locales vienen a ser paradójicamente innovadores”.

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