Milos Forman: Primavera | Opinión | EL PAÍS

Cuando los tanques rusos invadieron su país para reforzar la dictadura del proletariado, esa celebridad permitió a Milos Forman quedarse en Francia. En esos meses vivió con estupor las revueltas de Mayo del 68 que ahora conmemoramos desde diversas interpretaciones. Cuando Forman observó la deriva maoísta y el reverdecer de la utopía comunista entre los jóvenes estudiantes, trató de explicarles con ejemplar honestidad intelectual que no tenían ni puñetera idea de lo que hablaban. Que él, precisamente él, había huido de esos presuntos paraísos en busca de la libertad. Alarmado por la inconsecuencia de los niños mimados y la grandilocuencia de ciertos impostores de alta jerarquía cultural, se marchó a Estados Unidos y rodó un fracaso que es hoy una película pequeñita, honesta y magistral llamada Taking Off o Juventud sin esperanzas, como se tituló con bobería en España.

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“Nacionalismo, comunismo: estamos atrapados aún bajo el yugo de las ideologías del siglo XX”

El autor, al que muchos describen como un hombre del Renacimiento por sumergirse y sentirse cómodo no sólo en la escritura, sino también en la fotografía, el cine, el teatro y la pintura, llama a hacer un nuevo “Renacimiento social”. “Evito hablar de revolución, porque se ha abusado del término. Prefiero hablar de renacimiento. Aunque no sea el mismo que surgió para salir de la oscuridad de la Edad Media sí se trata del mismo concepto: hace falta repensarlo todo, una nueva motivación en la industria de la tecnología, la ciencia, un nuevo pensamiento con el foco y el interés humanístico. Un renacimiento que nada tiene que ver con la religión sino con la esencia humana”, propone.

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