Dentro de la destrucción secreta de la gran sabana de Brasil | Internacional | EL PAÍS

Marcone sale de las ruinas y se encamina a otra construcción: “Un hombre se plantó en mi casa una noche, con la culata de un revólver asomándose bien visible por el cinturón. ‘Vamos a resolver esto ya, os tenéis que ir hoy’. Y no nos fuimos. Al día siguiente vimos que se habían llevado el ganado. Lo secuestraron y no le dieron de comer durante 16 días. Cuando nos los devolvieron, estaban muertos de hambre. Otro día a las siete de la mañana ya estaban ahí, pegándoles una paliza a los animales. A una chica que estaba cortando coco en el campo le preguntaron si no le daban miedo las balas. La policía no venía cuando la llamábamos. Solo respondía a las llamadas del cacique. Así, un susto tras otro, durante años. Y peor era el tiempo entre los sustos, la tensión. Somos personas de campo, no sabemos cómo lidiar con eso”.

Continuar leyendo …