A Lovecraft, con amor

Editado por el especialista Leslie S. Klinger que se ha ocupado también de sus 1.000 notas (a tan solo 22 relatos, que se dice pronto) y del prólogo, el libro incluye también una introducción del guionista de cómic Alan Moore, que ha demostrado sobradamenet ser un fiel seguidor del terror cósmico del autor. Amén de 300 ilustraciones y distintos anexos, genealogías y cronologías, hasta la extenuación. Incluso los muy devotos quedarán saciados.

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Luis Racionero: “Incluso la buena vida requiere un esfuerzo”

El arte ha de tener unos criterios, como los hay en el Tratado de pintura de Leonardo Da Vinci o en el De pictura, de Leon Battista Alberti. Por supuesto, luego se pueden cambiar. Pero lo que no se puede hacer es permitir que cualquier desaprensivo diga que algo es arte porque sí. Simplemente ha de hacer tres cosas: exhibirlo en ciertas galerías de postín, conseguir que un millonario lo compre, y luego hacer que unos críticos digan que es muy bueno. Estas tres cosas no tienen nada que ver con la obra de arte en sí misma. Todo se puede resumir hoy en una maniobra de relaciones públicas.

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“La bondad y la maldad tienen motivos ocultos”

Desembarcó en Japón en 1944 entre otros ocho mil marines.

De niño fue medio adoptado por una familia japonesa, hablaba la lengua y estaba imbuido del código del guerrero. Quizá por eso en lugar de matarlos los capturaba. Llegó a tener 1.500 prisioneros. Es decir, que se dedica a salvar vidas pese a que su discurso era el de un soldado que despreciaba al enemigo. Y hay una anécdota curiosa.

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