Los años del destape literario | Babelia | EL PAÍS

Si hubo una novela madrugadora en la doma del pudor en las letras españolas esa fue Nada, de Carmen Laforet, donde el fuerte tono autobiográfico se vertía sobre una disección casi telúrica de la familia española. La doma del pudor no es otra cosa que la convivencia tranquila de los escritores con su propia identidad histórica, y esa identidad no se explica sin la familia, es decir, sin un padre y una madre. Así la novela Patria, de Aramburu, supo explicar el terrorismo etarra en tanto en cuanto puso la lupa en la narración de la vida de dos familias. Porque la familia es la unidad de peso de la realidad. En El balcón en invierno Landero nombra lo que bien podría ser el santo grial de la historia privada de las familias españolas de las últimas décadas: el deseo de que los hijos vivan mejor que los padres. Es allí donde la paternidad y la maternidad encuentran una dimensión de alta verdad humana, porque allí laten con fuerza el sacrificio y el amor. Este deseo ayudó a construir la historia de España, que es tanto como decir que nos constituye y nos explica y sigue en activo, en una cadena moral y humana que pasa de padres a hijos y que sigue siendo, desde Shakespeare, Kafka y Dostoievski, el gran tema de la literatura occidental.

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“Busco la puerta que conduce a la realidad porque estamos en el delirio” | Cultura | EL PAÍS

Los que tenemos cierta edad podríamos hacer un viaje por la vida en dirección contraria, como hace el salmón, remontando el río por los libros que nos han marcado. Cuando lees un libro te mueves como si fueras un fantasma. Desde que he descubierto esta dimensión de la lectura, el lector como fantasma, cuando releo cosas antiguas me reencuentro con el fantasma que fui y es un encuentro muy curioso, porque te permite dialogar contigo mismo.

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