Milos Forman: Primavera | Opinión | EL PAÍS

Cuando los tanques rusos invadieron su país para reforzar la dictadura del proletariado, esa celebridad permitió a Milos Forman quedarse en Francia. En esos meses vivió con estupor las revueltas de Mayo del 68 que ahora conmemoramos desde diversas interpretaciones. Cuando Forman observó la deriva maoísta y el reverdecer de la utopía comunista entre los jóvenes estudiantes, trató de explicarles con ejemplar honestidad intelectual que no tenían ni puñetera idea de lo que hablaban. Que él, precisamente él, había huido de esos presuntos paraísos en busca de la libertad. Alarmado por la inconsecuencia de los niños mimados y la grandilocuencia de ciertos impostores de alta jerarquía cultural, se marchó a Estados Unidos y rodó un fracaso que es hoy una película pequeñita, honesta y magistral llamada Taking Off o Juventud sin esperanzas, como se tituló con bobería en España.

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