Rompiendo jarrones

Puigdemont se fotografió ayer con el artista Ai Weiwei, ante su obra Rompiendo un jarrón de la dinastía Han, de 1995. En ella, el disidente chino deja caer un valioso jarrón de una era de esplendor y florecimiento de su país, en un acto provocador, de protesta, rupturista. El expresident está agrietando el jarrón institucional del Estado, aunque eso conlleve que el inmovilismo de Rajoy sea sustituido por un partido que exhibe su inclemencia ante el independentismo como seña de identidad. En el 2014, un pintor de Miami protestó por la escasa promoción del arte local rompiendo uno de los jarrones de la obra Colored Vases de Ai Weiwei, valorado en un millón de dólares. Pero no todos los destrozos son obras de arte.

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El PP intenta confundir sobre ciberguerra para defender la censura

Una noticia falsa no constituye por si sola un acto de ciberguerra. Ni siquiera si ha sido falseada deliberadamente, con la voluntad de manipular la opinión pública. Actos de ciberguerra son los ataques dirigidos contra infraestructuras digitales estratégicas, como los sistemas de comunicación satelitales o los programas informáticos del sistema de salud, con el objetivo de tumbarlos o de robar información. Estas acciones pueden estar acompañadas, o no, de campañas de desinformación que confundan a la opinión pública y la polaricen mientras se consigue el objetivo principal del ciberataque.

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Los CIEs y el delito de no ser nadie

El uso que el PP ha venido haciendo del expediente de la ciudadanía ha dejado huérfanos a inmigrantes y refugiados; sin lugar alguno en un mundo en el que los no ciudadanos, como diría Hannah Arendt, no tienen derecho a tener derechos. Es más, esta manera de concebir la distinción entre ciudadanos y extranjeros es la que ha dado cobertura a buena parte de sus prácticas de exclusión social y su retórica de la “seguridad” se ha alimentado sobre todo a partir de semejantes prácticas. En fin, tristemente, la condición de extranjero, de inmigrante, de irregular, de “sin papeles”, de asilado, de apátrida, ha sido la condición gracias a la cual hemos logrado conservar nuestros privilegios como ciudadanos españoles.

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