La gran tomadura de pelo literaria de Romain Gary | Cultura | EL PAÍS

Cuando se suicidó, el 2 de diciembre de 1980, Gary había dejado al cuidado de su editor, Gallimard, un manuscrito en el que explicaba la invención de su seudónimo, un pequeño libro delicioso titulado Vida y muerte de Émile Ajar. En él, explica que cuando algunos insistieron en que Gary y Ajar eran la misma persona, no les creyeron. “No querían saber nada: Gary era incapaz de escribir algo así. Era un autor clasificado, catalogado, amortizado”, explica. Sin embargo, cuatro décadas después la visión de su obra ha cambiado mucho.

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