Silencios y mentiras familiares para sobrevivir al dolor | Cultura | EL PAÍS

“Me hice fuerte para no pensar en ti. No tuve tiempo para llorar porque siempre había un lugar en el que buscarte. Esta casa se me hizo inabarcable. Nunca me acostumbré a que no estuvieras…”. Las palabras de esa madre ante la tragedia de la desaparición de su hijo esconden muchos misterios. Lo sabe bien Carmen Machi, que resalta el profundo dolor de la mujer que interpreta en la obra. “Es una mujer ácida y agresiva, violenta, a la que, sin embargo, hay que buscar a través de la fragilidad. El dolor y la ausencia de su hijo, ese sufrimiento tan grande, esta contención continua de años, el silencio que arrastra la llevan a unos arrebatos de ira que dan miedo. Pero yo he trabajado este personaje desde el dolor, desde el sentimiento. Es la única manera que tiene sentido la fiereza que muestra luego. No siempre la mentira es algo terrible. Muchas veces la mentira surge de la necesidad de protegerse a uno mismo o a la persona que ama”, explica la actriz, que reconoce que no hace falta investigar sobre el lado bestia de los seres humanos, sino indagar dentro de uno mismo.

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