Sérgio Veleda, enamorado del sufismo

Sérgio Veleda, enamorado del sufismo

“Sólo creería en un Dios que supiera danzar”

Tengo 59 años. Soy del sur de Brasil. Soy psicoterapeuta neorreichiano y profesor de meditación. Casado con Evania Reichert, sumamos cuatro hijos y dos nietos. ¿ Política? Libertad, soy anarco-misticista. Soy ateo espiritual. El sufismo es un misticismo, un islam antidogmático

Bálsamo humano

Vivimos cercados por el abismo, y a veces nos abismamos: no sabemos qué hacer. ¡Confía en el abismo!, te sugiere el sufismo. El sufí hace lo que propuso Jung: “Para hallar tu luz, ahonda en tu sombra”. El bello libro de Sérgio Veleda Sólo creo en un Dios que sepa danzar (La Llave) es un testimonio vital y un ensayo sobre el sufismo, cuya huella Veleda ve en Rimbaud y Nietzsche. Le pregunto qué le diría un sufí a un yihadista: “Te acorazas tanto que te ofende todo lo vital y hermoso, toda belleza y vida te son odiosas, necesitas destruirlas. Una mujer joven o un niño son lo más vivo y lo que más odias, y por eso les matas”. El islam sufí sería balsámico para la humanidad.

Qué es el sufismo?

Es un misticismo islámico, un islam oculto, invisible.

¿Por qué invisible?

Prescinde de mezquitas y líderes, no es normativo, doctrinal, dogmático. Es íntimo: tú mismo ahondas en tu oscuridad para hallar tu luz.

¿Qué luz?

La luz de la vida, de estar vivo y de sentir la vida: se oculta en tu interior, ¡ahí está todo!

¿Ha visto usted esa luz?

Una noche, acostado, el corazón se me desbocó, no podía moverme y, con inmenso terror, sentí que iba a morir.

¿Un ataque de pánico?

¡Sí! Era el fin, y en el paroxismo del pánico acepté abandonarme a morir. Entonces el miedo se disipó en la calma y accedí a un saber profundo que transformó mi vida.

¿Qué supo que antes no sabía?

Sentí que algo indeterminado latía bajo todas las cosas, sentí la fuerza que nos mueve y nos lleva, sepámoslo o no.

¿En qué era usted otro por la mañana?

En que ya sentía que no respiro: soy respirado. No me muevo: soy movido. No como: soy comido. Sé desde entonces que la vida me lleva (y a ti también), ajena a mi voluntad (y a la tuya). ¡Vivir es no oponerte al flujo vital!

¿Y nos oponemos?

Demasiado. De niño tuve la suerte de descubrir la belleza en la poesía: Whitman, Blake, Homero, Rimbaud…

¿Para qué le sirvió?

Aprendí que el sufrimiento puede transmutarse en belleza. Beethoven sufría muchísimo, ¡y compuso una sinfonía sublime, la novena, esa música angélica!

Pero íbamos a hablar de sufismo…

El término sufí se acuñó hacia el siglo X, quizá desde el griego sophoi (sabio), quizá desde el árabe suf (lana blanca, por la túnica de ermitaños preislámicos) o sufa (cercano al Profeta).

¿Qué postula un buen sufí?

No poseer. No ser poseído. Libertad. Libre albedrío. Y vivir según la fitra.

¿Qué es la fitra?

Tú naces sin religión, sin nación, sin ideas… sólo naces con fitra: inocencia original. ¡La fitra es lo único que el sufí obedece!

Pues entonces el sufí parecerá un niño, un loco, un poeta, un insumiso…

El sufí incomoda a los rigoristas, pues no acata más reglas que las de su fitra. Por eso musulmanes ortodoxos quemarán a Mansur Hallaj (s. X) y matarán a Ibn Arabí (s. XIII).

¿Maestros sufíes?

Sí. Ibn Arabí, nacido en Murcia y muerto en Damasco, dijo esto: “La mejor imagen de Alá es la belleza de la mujer”.

Tan irrebatible como provocativo.

Sus admiradores le llamaron “Príncipe del camino”, pero él rechazo toda veneración,como corresponde a un buen malamati.

¿Malamati?

Una modalidad de sufí, como otras son el qalandar y el derviche. El malamati actúa para ser rechazado.

¿Por qué?

El buscador convencional ve la realidad literal, y el buscador sufí ve la poética. Pero el buscador malamati ve la realidad sagrada, tan invisible que él se oculta y ora en secreto.

¿Una especie de eremita clandestino?

Unos devotos salieron al encuentro de un malamati: al verles acercarse, él desenfundó su pene y orinó, para alejarles.

¿Y el qalandar, qué hace?

Desobedece las normas. En la mezquita reza en dirección opuesta a todos: “Hacia donde mire, ahí está Alá”, dice. Vive sin casa, con perros, entre árboles: “Me entienden mejor y los entiendo mejor que a las personas”.

Estos qalandar son hippies islámicos.

“Acercarte a un político o autoridad mancha”, sostienen. Y el derviche (mendigo): nada tiene, nadie le tiene…, y es dionisiaco.

¿Dionisiaco?

El budismo es apolíneo: exalta la conciencia plena, el autocontrol consciente. El sufismo es dionisiaco: exalta la conciencia abandonada, la embriaguez extática.

¿Se emborrachan?

El poeta sufí Omar Jayyam elogia el vino, metáfora de la embriaguez en la que caen todas las máscaras y queda la fitra.

¡Un islam alcohólico!

O mediante contemplación de la belleza, la música, los cantos repetitivos ¡y la danza! Los derviches giróvagos danzan ( sama) hasta disipar el ego y abrirse a lo Otro: “Si tú estás, Dios no está; si tú no estás, Dios está”.

Dan vueltas y vueltas, ¿verdad?

Como el Sol y los planetas, como la vida, que es movimiento incesante: si se detuviese ¡todo se desharía! Todo es danza, todo baila.

¡Poético!

Por sufí tengo al poeta Rimbaud: ve dentro de sí en su Cartas del vidente. Como el filósofo Nietzsche.

¿También hay sufismo en Nietzsche?

“Los que eran vistos danzando eran considerados locos por los que no podían escuchar la música” ( Así habló Zaratustra).

Nietzsche murió loco, tras abrazarse a un caballo.

Como sufí amo a los animales y comparto lo que dijo Nietzsche: “No creería más que en un Dios que supiera bailar”.

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