Una directora luminosa para el cine europeo de hoy

Origen: Una directora luminosa para el cine europeo de hoy

La cineasta francesa estrena ‘Maya’, un paso más en su filmografía inteligente y sutil


Una directora luminosa para el cine europeo de hoy
La directora francesa Mia Hansen-Love en una imagen del 2018 en Paris (LIONEL BONAVENTURE / AFP)

La realizadora francesa Mia Hansen-Løve lleva ya más de una década demostrando que inteligencia y sensibilidad no son términos antitéticos. A partir de sus vivencias personales, ha construido ficciones tan precisas y rigurosas como atípicas e imprevisibles, con el fin último de arrojar algo de luz en las tinieblas del alma. En Mayasu último filme (que se estrena el próximo 15 de marzo), relata la huida hacia delante, concretamente a la India, de un reportero de guerra que trata de reconstruirse tras haber estado en manos del Estado Islámico (EI).

Autobiografía y ficción

A partir de sus vivencias personales, ha construido ficciones tan precisas y rigurosas como atípicas e imprevisibles

Incluso aquel que no se identifica con ninguna bandera, ni cree que su tierra es la mejor del mundo por el mero hecho de haber nacido en ella, puede llegar a derramar lágrimas patrióticas, por así llamarlas, cuando su país es atacado. Lágrimas tricolores, en este caso, pues Maya, el sexto largometraje de Mia Hansen-Løve (París, 1981), que relata el retorno de Gabriel, un reportero secuestrado por el EI, puede entenderse como una respuesta emocional (indirecta) a los traumáticos atentados que laceraron Francia a lo largo del 2015.

La joven actriz india Aarshi Banerjee es la protagonista de 'Maya'

La joven actriz india Aarshi Banerjee es la protagonista de ‘Maya’

La realizadora reflexiona, y responde: “Me siento muy francesa, aunque también tengo raíces en Austria y Dinamarca por mi padre (el filósofo Ole Hansen-Løve), y quizás me sienta sobre todo europea. Pero no creo que la película pudiera existir, de esta manera, si no hubiese vivido los atentados de París, que han cambiado brutalmente nuestra relación con la ciudad y la vida cotidiana. Por otro lado, también sentí algo parecido el 11 de septiembre. Tenía veinte años entonces, y sentí que era el final de mi juventud, una brutal entrada en el mundo adulto. Es imposible no verse afectado, de una manera o de otra, por estos acontecimientos.”

“En mi caso –prosigue la directora–, reactivaron el recuerdo de mi abuelo, Paul Bonnecarrère, un recuerdo sin duda idealizado por los relatos familiares ya que no llegué a conocerlo. Fue reportero de guerra para Paris-Match, y un reconocido autor de literatura militar”. La ola de atentados también le trajo a la mente la perturbadora sonrisa de Didier François, reportero liberado en abril del 2014, que no tardó en regresar a la zona hostil. “Esas imágenes de los rehenes me marcaron y me inspiraron muchísimo. Los recuerdo saliendo del avión envueltos en una especie de aura, como si fueran santos. No sabemos exactamente por todo lo que pasaron, hay mucho pudor en cuanto a los detalles. Sin duda algo indecible”.

Un fotograma de 'Maya' con Aarshi Banderjee y Roman Kolinka

Un fotograma de ‘Maya’ con Aarshi Banderjee y Roman Kolinka

Ese mismo pudor, característico del cine de Hansen-Løve, vuelve a dejarse sentir, hasta cierto punto, en Maya. “Si la película tiene algo de manifiesto moral, político o estético, es la voluntad de dejar fuera la violencia. Demuestro que está por todas partes, que resulta imposible escapar de ella, pero aun así opto por dejarla fuera de plano. A menudo el cine que se ve hoy en día reproduce la violencia con la excusa de denunciarla. Pero creo que es importante no dejarse secuestrar por la violencia. Dejarla fuera, sin obviar su existencia, es para mí una forma de lucha, de resistencia”.

VIOLENCIA

Demuestro que está por todas partes, que resulta imposible escapar de ella, pero aun así opto por dejarla fuera de plano”

Las películas de Hansen-Løve son una muy rara mezcla de inteligencia y sensibilidad, de temprana madurez y elegante sutileza, ficciones construidas a partir de diversos elementos, a menudo autobiográficos, en busca siempre de una claridad definitiva. Una luz que huye de la oscuridad, como Gabriel, el reportero de Maya, interpretado por Roman Kolinka (hijo de la malograda Marie Trintignant), en su primer papel protagonista.

Incómodo con los honores que le brindan tanto la madre patria como el papá estado, el personaje Gabriel acaba huyendo a Goa, en al India, –un paraíso en vías de desaparición, amenazado por otras formas de violencia (la especulación derivada de la explotación turística)–. Ahí, incapaz de parar quieto y encadenando los cigarrillos, tratará de encontrarse y reconstruirse a sí mismo. Un viaje que, en cuanto al desplazamiento, de París a Goa, se resuelve con una estupenda elipsis, ­como si el protagonista de repente despertara en la India, y la India no fuese más que un sueño, o un fantasma, tal y como la rotuló Louis Malle en uno de sus dos documentales filmados en los sesenta (Calcutta y La India fantasma), que consideraba, curiosamente o no, sus “películas más personales”.

La película es un viaje tanto mental como físico, y en este sentido también hay que anotar la discreta, pero icónica, presencia en el reparto de Jean Rolin, escritor acostumbrado a pasear por el mundo a pie y a plasmarlo con exactitud en sus novelas y reportajes: “Siempre me ha gustado trabajar con actores no profesionales. Es un escritor al que leo y admiro muchísimo, y para mí conectaba mucho con Kolinka. Tienen algo en común, como si realmente fuesen familia”.

Póster de la película

Póster de la película

Un factor clave para que la película llegara a buen puerto ha sido, sobre todo, la inestimable colaboración de la directora de fotografía Hélène Louvart (habitual del cine de Marc Recha) que, unida al casi inquebrantable apego de Mia Hansen-Løve al celuloide, ha hecho posible la luz de esa India onírica, rodada con la distancia justa (incluyendo un viaje dentro del viaje rodado en Super16): “Ya había estado seis o siete veces en Goa, pasando las vacaciones, y me interesaba mucho la cuestión de cómo filmar la India. Siendo una mujer blanca, francesa, me preguntaba cuál era la forma más correcta. No quería parecer demasiado distante, caer en lo turístico, ni tampoco pretender ser algo que no soy. Tenía que ser honesta en cuanto al punto de vista, que es tanto el de Gabriel como el mío. Aunque de otra manera, también yo sentí la necesidad de alejarme de mi territorio familiar, de mis amigos, de mis costumbres, hacia otra geografía mental. Ahí pasé dos meses y pico, además de muchas idas y venidas, y sufrí bastante. Llegamos durante el monzón, rodamos en condiciones bastante duras, y echaba de menos a mi hija. Pero necesitaba renovarme. Un poco como Gabriel, que necesita reconstruirse, partir de cero, reencontrarse con su vocación”.

VIAJE PERSONAL

También yo sentí la necesidad de alejarme de mi territorio familiar, de mis amigos, de mis costumbres, hacia otra geografía mental”

Esa reconstrucción, simbolizada por una casa en ruinas, Gabriel no puede conseguirla solo. No podría sin el personaje que da título al filme: Maya, cuyo nombre tampoco es casual (“quiere decir ilusión”), es apenas una adolescente a la que da vida la debutante Aarshi Banerjee, con quien el protagonista emprende una extremadamente sutil coreografía de gestos y miradas, que por momentos pueden llegar a recordar a Lolita, sobre todo en una determinada escena que acontece en un motel.

“La conocí –explica Hansen-Løve– a través de un vídeo de presentación, y construí el personaje basándome en cómo es ella en realidad, porque escapa a todos los clichés, y retrata muy bien cómo es la India hoy en día, con esa ambivalencia entre tradición y modernidad. Respecto a la diferencia de edad, la película se alimenta de muchas cosas, incluida mi historia personal, aunque remonte a mucho tiempo atrás, hasta la adolescencia. Así que me identifico tanto con Gabriel como con Maya. Ella ya tenía dieciocho años cuando rodamos, aunque me asustó mucho comprobar cómo la cuestión de la diferencia de edad se planteaba una y otra vez, en todas las entrevistas, cuando presenté la película en el festival de Toronto. Tenía que explicar que Gabriel no es un depredador sexual, que la diferencia de edad no es tan importante. Al final, fue más complicado mostrar la película en Norteamérica que en la India, donde todo fue muy bien. En Francia, estos temas también vuelven, y la verdad es que da un poco de miedo”.

Aunque el cuerpo de la joven no se muestra al desnudo, contrariamente al del entumecido Gabriel, no cabe duda de que Maya es la película más abiertamente sensual de la realizadora, y que marca un nuevo giro en su impecable filmografía. “Sí –reconoce–, la sensualidad es posiblemente la razón de existir del filme. Después de El porvenir (2016), que es una película de renuncia al cuerpo, sentí una necesidad muy fuerte de reencontrarme con el amor físico. Era algo que, por la vida que llevaba, o lo que fuera, no podía expresar plenamente. Y así, este viaje a la India fue una especie de liberación. Sobre todo gracias a Roman Kolinka. Creo que ahora mismo ningún actor francés tiene ese tipo de belleza, tan sensual y a la vez tan profunda. La película le debe mucho”.

Hasta ahora, la filmografía de Hansen-Løve contaba con cinco largomentrajes, en las que hay diversos referentes autobiográficos. Su primer largo fue Tout est pardonné (2007), y después vinieron Le père de mes enfants (2009), Un amour de jeunesse (2011), Edén(2014) y El porvenir (2015).

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