África meridional

1El Festival Afrikaburn ha reunido este abril a 13.000 personas durante una semana en una ciudad efímera construida en el desierto sudafricano de Tankwa Karoo, en Calvinia. Los participantes de este Burning Man, una iniciativa surgida en Estados Unidos en la década de los noventa, tienen que portar su propio equipo para acampar y sobrevivir en un espacio en el que no se utiliza el dinero ni hay cobertura de móvil. El objetivo del experimento social es fomentar el amor y el intercambio en un espacio que cuenta con una estación de radio, un periódico y decenas de obras de arte. El evento culmina con la quema de una efigie. En la imagen, un intérprete hace pompas de jabón.KIM LUDBROOK EFE

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“En este momento, el programa contra el VIH-sida está consumiendo una gran parte de los recursos de la ayuda internacional; todo para tratar de revertir la situación actual, pues tenemos una tasa de prevalencia del 13%”, continúa. Para reducirla, Abdula ha tomado una de las decisiones “más difíciles” desde que asumió la cartera: comprometerse a cumplir la estrategia 90-90-90 de Onusida. “Significa que el 90% de nuestra población tiene que conocer cuál es su estado serológico. El 90% de los positivos tienen que estar en tratamiento y, de ellos, el 90% tienen que tener una carga viral indetectable, de manera que no puedan transmitir la enfermedad”, detalla despacio para que se entienda la magnitud del reto para su país.

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Marcia tiene 21 años y estudia en la facultad de Agronomía de Cuamba. La luz del sol de mediodía que entra a raudales por la ventana de la clase ilumina suavemente su largo cabello trenzado. Durante las pausas se queda dentro para evitar el sol, ya que la exposición excesiva podría causarle cáncer de piel y problemas de la vista. “Cuando era pequeña, mi padre vio que tenía albinismo y me abandonó. Al principio, mi madre estaba destrozada, pero su familia me ha apoyado”. Hace unos años le dieron la dirección y el número de teléfono de su padre, pero Marcia decidió no llamar. “No fui a verlo, pero no porque esté enfadada con él. Si me lo encontrase, lo trataría bien. No ganaría nada haciéndole daño”.

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Hija de profesores de una aldea del Cabo Oriental —de donde también procede Nelson Mandela— Winnie creció despuntando ya con un carácter fuerte e inconformista. Arrastrada por sus convicciones, llega joven y espléndida a la gran ciudad, Johannesburgo, para ser trabajadora social. En la monstruosa capital económica sudafricana, pronto conoce al abogado que marcará el resto su vida personal y política: tiene casi 40 años y se llama Nelson Mandela. Winnie y Nelson se casan en 1958, pero la represión del régimen y el compromiso político de su marido cortan el matrimonio con una cadena perpetua. En 1964, Nelson Mandela es enviado a Robben Island, mientras Winnie Mandela se queda al cargo de sus dos hijos y de la lucha, desde su casa de Soweto. Atosigada por las fuerzas de seguridad, arrestada y torturada, Winnie no baja el puño; toma el relevo de la batalla por las libertades y se erige como pilar de la lucha antiapartheid y punta de lanza del Congreso Nacional Africano. En su detención más dura y larga, Winnie llega a pasar 17 meses en la cárcel, la mayoría del tiempo aislada.

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Pregunta. Sudáfrica acaba de cerrar casi una década de presidencia turbulenta de Jacob Zuma. ¿Cómo ha dejado el país?

Respuesta. Creo que los sudafricanos han entendido que parte de lo que ha pasado durante los años de Zuma es el arraigo de la corrupción en el Gobierno y en la sociedad. Se llegó a un secuestro del Estado, con una familia concreta de empresarios [los Gupta] que se hizo tan importante que tomaba decisiones en nombre del Gobierno. Ellos le decían qué hacer, y él lo hacía. De ahí surgen dos problemas: la corrupción en el Gobierno y la sociedad, y un debilitamiento del Ejecutivo, en cierto sentido una negación de su papel

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El declive comenzó cuando el Gobierno les expulsó de sus tierras ancestrales. Cortó su suministro de agua, dejó de prestar servicios básicos como salud y educación y los trasladó por la fuerza, en camionetas, a tres campamentos llamados Nuevo Xade, Kaudwanwe y Xere. Ocurrió en tres ocasiones: 1997, 2002 y 2005. El supuesto propósito era acercarlos a los servicios de salud y educación e integrarlos en la vida moderna y el sistema de un país que hoy tiene uno de los estándares de vida más altos de África.

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Un paso enorme, incluso para un país que encabeza la lista de los adelantados en políticas de igualdad en el sur de África debido al elevado porcentaje de diputadas que ocupan las sillas de su parlamento. “Las mujeres empiezan a tomar representación en las instituciones, pero el discurso que llega a la población en torno a la violencia machista desde el poder sigue reduciéndose a que las mujeres ni se dejen pegar ni se dejen violar. Un sistema que asigna las tareas de la casa y la gestión de los hijos a la exclusiva responsabilidad de la mujer, dista mucho de ser igualitario”, lamenta Lini.

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12Fanja Randriamihavo, de 15 años, rebuscando en la basura de Ralalitra bajo una fuerte lluvia. Trabaja en el vertedero desde que tiene memoria. Cuando se le pregunta qué es lo peor que se ha encontrado en la basura y si le preocupa el reciente brote de peste, responde: “Me he encontrado con bebés abortados; por desgracia, no es nada raro. La peste no me preocupa. Dios nos protegerá”.

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Los capenses ya se preparan para el día en el que no salga agua del grifo. La fecha concreta baila días arribas o abajo, pero la situación es irreversible. “La única manera de salvar esta catástrofe sería con otra catástrofe”, asegura Rosewarne. “Tendría que caer un diluvio histórico, una inundación histórica que sería una tragedia porque se llevaría por delante muchos asentamientos”. La última previsión del Día Cero se ha retrasado 20 días, ahora data del 11 de mayo gracias a la aportación de agua de los agricultores desde sus reservas de agua privadas.

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Mussa está en cuclillas en un taburete de madera junto a la puerta de su casa, en la aldea de Mapudje. Abre un momento la tela gruesa que envuelve a su hijo de un año, enfermo de malaria, para observar su palidez. A su espalda, el sol de la mañana baña las hileras de pinos perfectamente alineadas que cubren las ondulantes colinas hasta el horizonte, interrumpidas tan solo por un pequeño macizo solitario que recuerda que, a pesar de este sorprendente paisaje escandinavo, esto es el sur de África.

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Otro ejemplo de buenas prácticas que se ha presentado es Wowzulu Project, que crea ingresos para pequeñas comunidades que están en las zonas turísticas más populares de Sudáfrica. Buscan empoderar a mujeres y jóvenes de áreas rurales que son muy bellas pero pobres para que aprendan habilidades comercializables y se ganen la vida.

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