Artista

La obra está dividida en tres piezas de unos 10 minutos que pueden verse por separado: El portal (los asaltos de desconocidos), La novicia (abusos perpetrados por la familia o en el colegio) y La jauría de perros (las violaciones en grupo). Todo se contextualiza con vídeos, fotografías y documentos como imágenes de publicidad incitadora y exculpatoria de las relaciones no consentidas o de la complicidad de elementos aparentemente externos al violador, como en su caso. “Durante la investigación, me enteré de que el hombre que me violó era un tipo al que el administrador dejaba que se alojase en la terraza del edificio. En Nueva York, y ahora veo que en Madrid también, a los inquilinos se les sube la renta de manera salvaje. Siempre hay alguien al que sacar mucho más dinero o que interese que el edificio se vacíe para operaciones especulativas. Si tú te niegas a irte, ellos pueden recurrir a otros métodos para que abandones el apartamento. Yo había denunciado al administrador que la puerta no cerraba bien y lo mismo ocurría con la del portal. Eso sirvió para condenarle por negligencia”.

La artista que denuncia su violación en una obra | Cultura | EL PAÍS

La historia de este cumplimiento es el tema de la magna biografía que ha escrito el periodista y hombre de cultura Josep Massot (Palma de Mallorca, 1956). Hoy Miró ya tiene su Ian Gibson. Desde muy pronto el libro es leído con la conciencia de estar ante un hito no sólo en el conocimiento de la trayectoria de Miró sino también de las vanguardias de la primera mitad del siglo XX (las españolas, por su relación de padrinazgo encadenado con el ejemplar Picasso y Dalí, pero también las internacionales, de Picabia a Calder). La parábola central de El niño que hablaba con los árboles es la que va desde la primera exposición del año 1918 en las Galeries Dalmau de Barcelona (sin éxito) hasta la que, junto a la obra de Dalí, organizó el MoMA a finales de 1941 (cuando ya había acabado la serie de las Constelaciones). Este cuarto de siglo tiene como fogonazo, no podía ser de otra manera, París. Fue una exposición en junio de 1926 y era su segundo intento. Durante aquellas dos semanas, con el aval de la plana mayor del surrealismo (todos firmaron la invitación), empezó a cumplirse su ambición.

La vida más íntima y secreta de Joan Miró