Literatura europea

Hay una pregunta inevitable ¿Con esta historia de amor, travestismo, violencia y supervivencia en la América del XIX no se corre el riesgo de hacer poco plausibles a los personajes? “¿Por qué? Había historias así en aquella época en América. Solo había que contarlas”, responde algo más serio antes de enseñar dos fotos (en una, dos soldados posan sentados con una mano en la pierna del otro; en la otra, cuatro niños vestidos de niñas miran a la cámara). “¿Ves? Era obvio aunque no se dijera. Para un escritor esto es magia. Una foto sin más información, todo el espacio del mundo para crear”, explica.

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Concibió al diablo encarnado y terrenal como figura legendaria a explorar por la literatura. Creó el mito de Fausto –seguido más tarde, entre otros, por Goethe, Mijaíl Bulgákov o Thomas Mann- desbocado a golpe de desafíos, blasfemias e insultos contra Cristo y la Virgen. Se atrevió a desarrollar como invención propia el verso blanco en obras como Tamerlán, el grande y creó piezas de referencia, caso de Eduardo II.

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