Natal

Este sábado, además de Fábio, han muerto José, Lúcio, Anderson, Beto y João, nombres ficticios para proteger a las familias que viven en las áreas de los crímenes. Los 63 agujeros de bala que sus cuerpos recibieron en conjunto dejan claro que todas fueron ejecuciones a sangre fría. Algunas veces, como demostración de poder, los verdugos también descuartizan o degüellan los cuerpos, como ocurrió en enero del año pasado en un presidio del Estado,  cuando 26 reclusos fueron decapitados en una guerra entre bandas criminales.

Asesinatos a pleno día, una rutina en la región más violenta de Brasil | Internacional | EL PAÍS