Petróleo

Morcillo destaca también el coste que supone beber agua envasada. “El agua del grifo en España se paga a 1,81 euros (más IVA del 10%) el metro cúbico (1.000 litros) mientras que un litro de agua envasada puede costar unos 50 céntimos, es decir ¡mil litros salen a 500 euros!”, exclama el presidente de Aeas. Si son de los que consumen agua envasada hagan sus propios números y piensen también en toda la logística que supone acarrear botellas de agua en comparación con la facilidad de simplemente abrir el grifo.

De la jarra a la cantimplora, las alternativas al agua envasada piden paso

Izaguirre vive en un sentimiento agridulce para con su país. Como les ocurre a no pocos españoles. Lo lleva dentro pero no se siente orgulloso: “Mi mamá me dijo ‘no me puedo creer que naciese en una dictadura y me vaya a morir en otra’. Venezuela es un país condenado al fracaso. Yo nací desarraigado, no entendía por qué nací allí aunque amo a mis padres y a mi ciudad. Me quería ir de Caracas con diez años. Lo conseguí a los 26, llegué aquí, conocí a Rubén y él fue la razón para decir ‘no regreso’. Es un conflicto brutal pero también una llama eterna. Mi teoría, muy personal, es porque están los venezolanos dentro. Si hubiese sido habitada por los alemanes… Alemania compró a la corona española la Capitanía General de Venezuela y si hubiese seguido así, seríamos como Mallorca. Pero no: los venezolanos se impusieron a este orden europeo, decidieron independizarse y la cagaron totalmente porque somos incapaces de asumir cualquier responsabilidad, de ser serios. El fracaso del país no es Nicolás Maduro, que es venezolano como yo. Somos nosotros”.

“Nuestra sociedad está obsesionada con el sexo y hay mucha gente enferma”

La primavera del 2008 dio la vuelta al mundo la imagen de un buque cisterna entrando en el puerto de Barcelona con agua para los sedientos barceloneses. Fue un momento tan crítico que el conceller de Medio Ambiente, Francesc Baltasar, agnóstico confeso, no vio otra salida que la de rogarle a la virgen de Montserrat que lloviera. Y llovió.

Se acerca el día en el que en Ciudad del Cabo de los grifos no saldrá ni gota

Ha sido el veterano cineasta Ridley Scott el que ha tomado las riendas del asunto trasladando a la gran pantalla la novela de John Pearson en la que retrataba al multimillonario estadounidense. Con guion de David Scarpa, Todo el dinero del mundo se toma sus propias licencias dramáticas para bucear en el interior de un ser sin sentimientos, arrogante y avaro hasta el punto de negarse a pagar el rescate de 17 millones de dólares que exigía la mafia calabresa que retuvo durante cinco meses al joven John Paul.

El avaro multimillonario que se negó a pagar el rescate de su nieto preferido

Los efectos persistentes del gas mostaza son conocidos desde la Segunda Guerra Mundial. El agente naranja y el napalm han quedado adheridos a la infamia de Vietnam. Tampoco necesita presentación el drama de las minas, que siguen mutilando a campesinos décadas más tarde. Pero menos gente está al corriente del actual debate sobre los efectos del uranio empobrecido, cuya radiación es invisible y para siempre. Y en ciudades arrasadas como Alepo, Mosul o Deir Ezzor, la gestión de millones de toneladas de escombros de todo tipo plantea grandes interrogantes.

La peste de la guerra