Santiago Sierra

En mi opinión, los ciudadanos de la calle estamos dándoles una lección a nuestros Mr. Hyde, a los ciudadanos internautas. En la calle tendemos a ignorar o a negociar; en la red, no pasamos ni una. La calle nos inclina hacia la observación, la red a la reacción. Lo pensaba esta semana a cuenta del castigo penal inaceptable que habrá de cumplir el rapero Valtonyc, o el de Hasel o el de Shadid. Como estos nombres han aparecido estos días reproducidos en múltiples enlaces parece que aquí todos estábamos en la onda, que todos tarareábamos en la ducha o en Nochebuena las letras de Valtonyc, o que al contrario cundía la indignación, pero yo confieso que jamás hubieran llegado a mí sus contenidos si no hubiera sido porque el Tribunal Supremo los ha puesto generosamente en circulación. Enhorabuena. No sé si la Casa Real está al corriente de todo lo que se escribe sobre ellos, imposible desde que nació Twitter, pero no me imagino al jefe de prensa pasándole de buena mañana al Rey las estrofas raperas referidas a su persona con un parco: “Mire lo que dice este tipo sobre su Majestad”. En realidad, el público de estos músicos está limitado a un ambiente tan específico que una se pregunta porqué ya puestos no se han tomado las mismas medidas con letras del pop y del rock que gozan de un público masivo y que llevan animando décadas al consumo de droga, de alcohol o a matar y morir por amor.

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Eso sí, la izquierda y la derecha, defiende Strawberry, “tienen que ser coherentes y no aplaudir cuando la restricción de libertades es para el contrario y solo llevarse las manos a la cabeza cuando se identifican con la ideología del acusado. A mí me parecen repugnantes los mensajes machistas, pero no creo que deban castigarse con dos años y medio de cárcel. Es una desproporción. La libertad de expresión es un derecho de todos”.

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Sobre los titiriteros, recuerda que era una función que “representaba a la policía acusando falsamente de delitos de terrorismo a una bruja por llevar una pancarta con el mensaje ‘Gora Alka-Eta”. Ambos fueron detenidos cinco días y la Audiencia sobreseyó la causa. Sobre la “trifulca” de Alsasua en la que varios guardias civiles fueron agredidos una noche en un bar, recuerda que las penas solicitadas por la fiscalía suman 372 años y medio de cárcel. El ministerio público reclama en conjunto las penas a ocho acusados por lesiones terroristas.

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