Teatros Canal

Con Tijuana, explica Gabino Rodríguez, “nos cuestionamos los límites entre realidad y ficción. Y todo parte de una pregunta: ¿De qué modo la economía condiciona la manera en que nos relacionamos con la política? Nosotros ponemos sobre las tablas los hechos ficcionados con documentales, música y el trabajo actoral. Al espectador le toca pensar”. El escenario en el que se desarrolla la obra es minimalista, escasos elementos, pero suficientes para trasladarte a esa zona de México y sumergirte en una noche con mucho griterío, cargada de alcohol, ruido de coches para a la mañana siguiente levantarte y volver a hacer lo que harás el resto de tu vida, trabajar por un ridículo salario sin horizonte de cambio.

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En el año 2009 un joven director belga desconocido llamado Fabrice Murgia, que entonces tenía solo 26 años, estrenó su primera obra en el Festival Internacional de Lieja. Se titulaba La tristeza de los ogros y era como un sueño sobre el fin de la infancia: sobre el día en que los niños dejan de ser niños y los terrores que eso provoca. El público quedó sobrecogido y elevó a los altares a Murgia, que hoy es director del Teatro Nacional de Bélgica.

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La obra recorre los principales mitos de la cultura griega encadenando una docena de grandes tragedias: Electra, Medea, Fedra, Antígona, Edipo, Orestes… Hay mucha sangre, danza, sexo, violencia, oscuridad, pesadillas, pero también silencio, amor, ilusión, belleza —“Siempre mi último objetivo es la búsqueda de la belleza”—. Los actores duermen sobre el escenario en los momentos de descanso y vuelven a la vigilia aún envueltos en sueños. Igual que el público: los Teatros del Canal han habilitado zonas para que los espectadores puedan dormir y mantendrán la cafetería abierta durante toda la función. “Queremos que esto sea una vivencia compartida. Una catarsis que experimenten tanto los actores como los espectadores”, dijo.

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