Animación: El Walt Disney gaditano | EL PAÍS Semanal

Antes de convertirse en un maestro de la ilusión digital, León iba para ingeniero técnico naval, pero en tercero de carrera el camino que le había trazado su padre se torció. “La verdad es que nunca me gustó”, confiesa. Aquel año descubrió en la Universidad de Cádiz un departamento multimedia que desarrollaba programas informáticos para empresas y decidió meter la cabeza. “Cuando le dije que quería hacer videojuegos se lo tomó fatal, pero yo lo tenía muy claro”. Se libró de la mili y pasó el año de objetor de conciencia enseñando a los chavales de San Fernando a utilizar los ordenadores. Cuando acabó, el padre le propuso ayudarle con el proyecto final de carrera de ingeniería. “Pero yo no pensaba hacerlo”. Entonces encontró empleo en una empresa de programación de Pontevedra, a unos mil kilómetros de casa.

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